Text Size
Tuesday, September 18, 2018
bg articulos

  

La frase del día: 

"Solo el que sirve con amor sabe custodiar"
Papa Francisco

Presunción de inocencia

There are no translations available.

Autor: Santiago MARTÍN, sacerdote

La actualidad eclesial de esta semana ha estado dominada por un único asunto: la carta del ex nuncio en Estados Unidos, monseñor Viganò, en la que, entre otras cosas, afirma que el Santo Padre estaba enterado de las fechorías del ex cardenal McCarrick y a pesar de eso las ignoró, por lo que pide su dimisión. El Papa Francisco, en el avión que le devolvía a Roma tras concluir la Jornada Mundial de la Familia, pidió a los periodistas que interpretasen ellos mismos la carta y sacasen sus conclusiones.

A día de hoy, no ha habido ninguna respuesta del Vaticano a las acusaciones y, por lo tanto, deduzco que sigue en pie la invitación a reflexionar sobre la carta. Quiero hacerlo, sin embargo, no como periodista -que sería una perspectiva válida para mí-, sino como católico que cree en lo que la Iglesia nos enseña, incluido el amor, respeto y obediencia debido al Vicario de Cristo. Quiero hacerlo también como guía de tantas personas que en estos días me han escrito, desconcertadas, queriendo saber mi opinión al respecto. Es posible que lo que diga no guste del todo a nadie, pero he rezado mucho antes de escribir esta reflexión, y esto es lo que en conciencia tengo que decir.

Primero, sobre el hecho en sí de la publicación de la carta. No me parece bien la forma en que se ha hecho. Por ejemplo, los “Dubia” fueron enviados al Papa de forma privada y por el conducto reglamentario por los cuatro cardenales firmantes. Sólo después de que, pasado un tiempo de meses, no hubiera respuesta, esos cardenales decidieron hacerlos públicos. En este caso no se le ha dado al Papa esa oportunidad. Es posible que se pensara que el silencio iba a ser la única respuesta de todos modos, o que se buscara la oportunidad del momento, o que se pensara que lo sucedido con McCarrick urgía una aclaración rápida, o incluso que monseñor Viganò decidiera intervenir porque algunos supuestos amigos del Papa estaban insultando la memoria de los dos nuncios anteriores a él, diciendo que no habían informado al Vaticano. Todo esto, y quizá otras cosas que ignoro, han debido pesar en la conciencia de monseñor Viganò para incumplir lo que sobre la corrección fraterna nos enseña San Pablo. Pero, vuelvo a repetir, personalmente esto no me ha gustado. Quizá, de haberse hecho de otro modo, hoy el resultado sería distinto.

Segundo, sobre el contenido. Todo el debate posterior a la publicación de la carta se ha centrado en la honestidad del denunciante -denigrado hasta el máximo por los defensores del Santo Padre- y sobre la veracidad o no de que él le informó personalmente al Papa Francisco de las fechorías de McCarrick sin que el Pontífice hiciera nada al respecto. Querer anular el efecto de la carta aludiendo a que Viganò no es creíble porque es un malvado es inútil; resulta indiferente si él es un hombre honesto o si -como he leído en broma- tiene una docena de amantes en una isla del Caribe; no hay que olvidar aquello de que la verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero. A la vez, focalizar el problema en la cuestión de la denuncia hecha por Viganò al Papa en el año 2013, es ignorar algo que va a la raíz del problema: la trama para nombrar obispos homosexuales o simpatizantes con la homosexualidad, que tendría como objetivo último la aceptación de este comportamiento por parte de la Iglesia. Si las palabras del ex nuncio -y las acusaciones concretas que hace de algunos cardenales- no tuvieran otro apoyo que su palabra serían realmente risibles, pero el hecho de que en el propio Congreso sobre la Familia se diera un lugar destacado al jesuita James Martin para hablar de la acogida de los homosexuales en la Iglesia y que en esa conferencia, sin decirlo explícitamente, se abogara por incorporar a los homosexuales que no viven castamente a los ministerios de la Iglesia (por ejemplo, ministro de la comunión), hace pensar a algunos que hay ciertamente un sector poderoso dentro de la Iglesia que está trabajando para que los actos homosexuales -y por lo tanto, a la larga, el matrimonio homosexual- sean considerados al mismo nivel moral que los heterosexuales.

Tercero, la actitud ante el Papa. Me duele enormemente que en todo este asunto la mayoría haya olvidado que el Santo Padre es una persona de carne y hueso. ¿Es que no merece él, como cualquiera, la presunción de inocencia? Sus enemigos se han tirado a su cuello, aprovechando la acusación para zarandearle a ver si cae. Sus amigos se han lanzado en su defensa aportando insultos contra el acusador más que argumentos contra las acusaciones. Pero unos y otros olvidan que es un ser humano y que tiene derecho, como yo y como cualquiera, a que se le trate como alguien inocente hasta que no se demuestre lo contrario. Y, por lo tanto, sigue siendo el Papa y, como tal, le debo amor, respeto y obediencia. Le debo el apoyo de mi oración y estaré a su lado de forma inequívoca, fiel y clara mientras siga siendo el Vicario de Cristo en la tierra. Me he formado como sacerdote bajo San Juan Pablo II y admiro y quiero con todo el corazón a Benedicto XVI. Por eso me he preguntado, ¿cómo estaría actuando yo si hubiera sido uno de los dos el que estuviera siendo acusado ahora de esta manera? Y la respuesta ha sido clara e inmediata: les estaría defendiendo -no como lo hacen sus supuestos amigos- y le daría mi confianza hasta que no se demostrara que no la merece.

Cuarto, la petición de una investigación. El silencio entre la jerarquía católica en general está siendo estremecedor. Es como si todo el mundo estuviera conteniendo la respiración, esperando a ver qué pasa. En cambio, los obispos norteamericanos sí que están hablando, sobre todo porque a ellos les afecta más de lleno la cuestión. Me ha gustado mucho la intervención del cardenal DiNardo, presidente del Episcopado de ese país. Apoya al Papa y le ofrece el consuelo de su oración, pero pide una investigación para que se aclaren las cosas y evitar que los inocentes queden manchados con la sombra de la duda, mientras que los culpables quedan libres para seguir haciendo fechorías. La petición de esa investigación ha llegado también desde otros ámbitos; por ejemplo, un diario habitualmente muy favorable al Papa Francisco como es “El Mundo”, en un editorial titulado “Urge aclarar la grave acusación a Francisco”, decía después de citar las acusaciones del ex nuncio: “Son argumentos que nos obligan a exigir un ejercicio de claridad al margen de las luchas entre corrientes eclesiales. Francisco destaca por su espíritu abierto y reformador. De él cabe esperar transparencia absoluta, necesaria para arrojar luz entre tanta sombra”. Por lo tanto, incluso partiendo de la base de la confianza que me merece el Papa y de la presunción de inocencia que le es debida, creo que por el bien de la Iglesia y por su bien personal habría que investigar las acusaciones. Y, sin embargo, esta solución también presenta serios problemas.

Quinto, cómo hacer la investigación. Las democracias tienen establecidos en sus Constituciones métodos para llevar a juicio, previa denuncia e investigación, a sus más altos dirigentes. El imperio de la ley afecta a todos. El posible “impeachment” a Trump o el que ya sufrió Clinton o la investigación sobre el “Watergate” que derribó a Nixon, son buena prueba de ello. Pero la Iglesia no tiene una legislación semejante; el Papa es el máximo legislador y, aunque eso no suponga que puede hacer lo que quiera -como matar a alguien impunemente, por ejemplo-, no existe un Tribunal al que él se pueda someter y que pudiera concluir con un veredicto de culpabilidad que generara automáticamente su destitución. Eso nos deja ante dos posibilidades. La primera, que sea la Justicia civil -por ejemplo la norteamericana o, incluso, el Tribunal de La Haya- la que le juzgue; es probable que indirectamente ocurra, pues monseñor Viganò podría ser llamado a testificar ante un Tribunal de Estados Unidos y, a continuación, serían llamados también los que él ha implicado en su denuncia; la posibilidad de que un Tribunal civil juzgue a un Papa -el que sea-, me parece estremecedora y abre la puerta a una situación de fragilidad inmensa con respecto a la figura y salvaguarda del Sumo Pontífice. La otra opción, dado que no hay un Tribunal eclesiástico que pueda juzgar al Papa, es que, sin juicio, el Papa dimita, aún teniendo la conciencia tranquila de las acusaciones que se le imputan; estoy totalmente en contra, puesto que bastaría con cualquier acusación hecha por cualquiera para que el Papa de turno tuviera que dimitir.

¿Qué nos queda entonces? La confianza en Dios y en la conciencia del Vicario de Cristo. Habrá quién acepte lo primero y no lo segundo, porque no se fie del Pontífice. Yo creo que, si el Papa es inocente no debe hacer nada y debe ofrecer todo este sufrimiento por la Iglesia. Pero si es culpable, él lo sabe. Y, si es así, debe saber también que con Dios no se juega. Recuerdo una película titulada “El ecualizador”, maravillosamente interpretada por Denzel Washington; antes de eliminar a los asesinos a los que debe matar para limpiar la sociedad, les da la oportunidad de que se arrepientan. Sólo cuando no lo hacen, actúa. En el caso de que los acusados por monseñor Viganò sean culpables, ésta podría haber sido una oportunidad que Dios les da para que, discretamente y sin escándalo, se vayan y pongan fin a sus fechorías. Y, si no lo hacen, vendrán otras acusaciones mayores, que les sumirán más y más en la vergüenza y en el descrédito, haciéndose daño a sí mismos y a la Iglesia. Es imposible que ya no tengan fe en Dios y que no crean por lo tanto en la actuación de la Divina Providencia. Pero, en cualquier caso, la existencia de Dios y su juicio es independiente de la fe que se tenga en Él. Y eso, al menos por si acaso, deberían tenerlo todos -también el acusador si ha acusado en falso-, en cuenta.

Mientras tanto, presunción de inocencia para el Papa con todas las consecuencias. Amor, respeto y obediencia. Oración por él y por la Iglesia, para que este largo “Viernes Santo” termine cuanto antes y podamos gozar de la luz del Cristo resucitado.

Prev Next

Transparencia, privacidad, reserva, disc…

Autor: Jorge MEDINA, cardenal prefecto emérito de la Congregación para el Culto

Diversos acontecimientos recientes(...)

Leer más...

Ortodoxia y prudencia

Autor: Santiago MARTÍN, sacerdote

En medio de la tensión que se vive en la Iglesia, esta semana han resonado de forma especial las palabras del secretario del(...)

Leer más...

Veinte años de "Fides et Ratio"

Autor: Antonio CAÑIZARES, cardenal arzobispo de Valencia

«La fe y la razón son como las(...)

Leer más...

¿Economía financiera o economía real?

Autor: Fernando CHICA, observador permanente de la Santa Sede ante la FAO

Nuestro mundo vive una encrucijada marcada por logros relevantes en diversos sectores, con las consiguientes(...)

Leer más...

Las barbas del vecino

Autor: Santiago MARTÍN, sacerdote

Mientras siguen los problemas en la Iglesia y, sobre todo, en(...)

Leer más...

La crisis católica de abuso sexual afect…

Autor: Gualberto GARCÍA, escritor

¿Existe un vínculo directo entre el abuso sexual homosexual clerical y(...)

Leer más...

Santa Mónica

Autor: Manuel MORALES, agustino

Es una de esas figuras que tendremos que “rehabilitar”, santa Mónica. Se resiste uno a seguirla viendo vestida de medio monja, casi de(...)

Leer más...

Presunción de inocencia

Autor: Santiago MARTÍN, sacerdote

La actualidad eclesial de esta semana ha estado dominada por un único asunto: la carta del ex nuncio en Estados Unidos, monseñor Viganò,(...)

Leer más...

Una oportunidad de curación para la Igle…

Autor: Francisco José CONTRERAS, escritor

Me ha costado mucho escribir este artículo. “No hay que perturbar la fe de los sencillos” (Ya está perturbada: en Irlanda cayó veinte puntos el porcentaje de católicos(...)

Leer más...

Texto íntegro de la carta de monseñor Vi…

TESTIMONIO de Mons. Carlo Maria Viganò Arzobispo titular de Ulpiana Nuncio Apostólico

Leer más...

La Iglesia en la encrucijada

Autor: Santiago MARTÍN, sacerdote

Ha terminado el Congreso previo a la Jornada de las Familias en Dublín, un Congreso diferente a los demás, por los acontecimientos que han acontecido antes e(...)

Leer más...

Sacerdotes y obispos homosexuales. Ni "s…

Autor: Sandro MAGISTER, periodista

"Homosexuales" y "obispos": éstas son las dos(...)

Leer más...

Las causas de la tragedia

Autor: Santiago MARTÍN, sacerdote

La publicación del informe de lo sucedido en seis diócesis del Estado de Pennsylvania ha conmocionado al mundo y ha llenado de vergüenza(...)

Leer más...

Llamar a las cosas por su nombre

Autor: Angelo STAGNARO, periodista

Puedo perdonarle casi todo a los protestantes y al protestantismo.

Leer más...

Un informe de un tribunal de Pensylvania

Autor: Guillermo JUAN, sacerdote

En todo el tema, muy pesado, de abusos perpetrados por miembros(...)

Leer más...

Enhorabuena, Argentina

Autor: Santiago MARTÍN, sacerdote

El resultado de la votación en el Senado argentino, rechazando la posibilidad de que se aprobara una ley del aborto muy permisiva -ya(...)

Leer más...

"Humanae vitae", camino de santidad

Autor: Robert SARAH, cardenal prefecto de la Congregación para el Culto

Hace exactamente 50 años, el Papa Pablo VI(...)

Leer más...

Reflexión sobre la pena de muerte

Autor: Francisco SUÁREZ, sacerdote

En esta breve reflexión sobre la pena de muerte, vamos a exponer algunos pasajes de la Sagrada Escritura y del Magisterio de la Iglesia.  

Leer más...

El debate de la pena de muerte y sus co…

Autor: Jorge SOLEY, economista

El debate sobre la pena de muerte en el(...)

Leer más...

Con la "Humanae vitae" Pablo VI tenía ra…

Autor: Sandro MAGISTER, periodista

El 25 de julio, la "Humanae vitae"(...)

Leer más...

Tiempo de gran tribulación

Autor: Santiago MARTÍN, sacerdote

Esta semana viene cargada de noticias que, necesariamente, hay que comentar y que, además, tienen un hilo conductor entre ellas: los abusos sexuales(...)

Leer más...

Volvemos a las andadas

Autor: Pedro TREVIJANO, sacerdote

La ministra de Educación, Isabel Celaá, ha anunciado que habrá una(...)

Leer más...

La acedía

Autor: Santiago MARTÍN, sacerdote

La semana pasada dediqué este comentario semanal a la situación de Nicaragua. La represión en este pequeño y querido país no ha disminuido.(...)

Leer más...

"Humanae vitae" Así ha nacido y ¡ay a qu…

Autor: Sandro MAGISTER, periodista

El ajetreo en curso para demoler la "Leer más...

Nicaragua, la nueva Venezuela

Autor: Santiago MARTÍN, sacerdote

La situación en Nicaragua avanza rápidamente hacia lo insostenible e insoportable. Con más de 300 muertos y 2000 heridos, fruto de la represión del(...)

Leer más...

Sociedades sostenibles a través de la co…

Autor: Fernando CHICA, observador permanente de la Santa Sede ante la FAO

Como cada año, el primer sábado de julio, y por decisión de la Asamblea General(...)

Leer más...

Recristianización y educación cristiana

Autor: Pedro TREVIJANO, sacerdote

Desde hace algún tiempo en mi oración(...)

Leer más...

Cristo, ¿de nuevo crucificado?

Autor: Santiago MARTÍN, sacerdote

Cuatro obispos alemanes, de momento porque seguramente serán más, han decidido aceptar en la comunión a los luteranos casados con católicos. Aunque esa(...)

Leer más...

El trabajo decente en el sector de la pe…

Autor: Fernando CHICA, observador permanente de la Santa Sede ante la FAO

La comunidad internacional presta una atención particular a la noción de trabajo decente. Pero, a(...)

Leer más...

Abusos en la Iglesia: verdad (y mentira)…

Autor: Gastón ESCUDERO, escritor

Los abusos sexuales a menores y adultos cometidos por sacerdotes y(...)

Leer más...

El nefasto pecado de la fornicación y el…

Autor: Francisco PÉREZ, arzobispo de Pamplona-Tudela

Uno de los pecados que más daño emocional, espiritual(...)

Leer más...

Lo que pasa cuando no pasa nada

Autor: Santiago MARTÍN, sacerdote

En pleno mundial de fútbol, voy a utilizar un ejemplo para explicar algo de lo que está pasando. Imaginemos un partido en el(...)

Leer más...

Reformas mentales

Autor: Juan Manuel DE PRADA, escritor

Me han parecido muy penosas unas declaraciones de la ministra de Justicia, Leer más...

Natalidad e inmigración en Europa

Autor: Santiago MARTÍN, sacerdote

El comentario de hoy puede parecer que se dedica a un asunto local, pero creo que tiene una importancia que afecta a toda(...)

Leer más...

¿Hablamos de castidad?

Autor: Ernesto JULIÁ, sacerdote

En el documento que recoge las propuestas de la reunión con(...)

Leer más...