San Juan Fisher

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¿Por qué no te doblegas como el resto de los obispos? ¿Por qué si todos lo admiten, tú te niegas? ¿Acaso eres mejor que ellos? De este tenor serían las preguntas que recibía día sí, día también el obispo de Rochester John Fisher por negarse a admitir al rey de Inglaterra, Enrique VIII, como jefe de la Iglesia en Inglaterra. Todos los obispos se plegaron y juraron la  "oath of supremacy" (juramento de Supremacía). Todos daban asi la espalda al Papa en favor de su legítimo rey. Ni la amonestación de amigos y ni las amenazas de enemigos lograron hacerle ceder; trataron de envenenarlo y en una ocasión le dispararon tratando de matarlo. Ni así. Se mantuvo firme en su decisión.

Se nos presenta últimamente al beato Newman como el gran apóstol de la conciencia, pero habremos de admitir que Fisher, siglos antes dio una preciosa lección cuando dijera: "Mi respuesta es que, ya que mi propia conciencia no puede estar satisfecha, yo absolutamente rehúso el juramento. No condeno la conciencia de ningún otro. Sus conciencias podrán salvarles, y la mía debe salvarme". Casi nada. La conciencia por encima de la vida terrena.

Encarcelado por sus constantes negativas el rey le hizo saber que si juraba sólo para sus oídos, con discreción, pues nadie se enteraría saldría libre. El obispo Fisher, se negó. Cuando el Papa Pablo III le reconoció su labor, otorgándole el capelo cardenalicio (uno de los casos más justificados) aceleró el proceso mortalmente. Se dice que al enterarse del hecho Enrique VIII dijo: "Pues ese capelo se lo colgará de los hombros, porque no tendrá cabeza para llevarlo". Apreciado por el pueblo y muy querido, se despidió días antes de su muerte a su manera, dando limosna y bendiciendo a la gente.

Como su íntimo amigo Santo Tomás Moro, murió decapitado, por no ceder al poder terrenal, por no preferir una vida terrena perdiendo a su vez la Vida Eterna. Además de su testimonio, la manera que le gustaba para luchar contra la reforma era el ejemplo de vida (el comprendía que la verdadera reforma requiere santidad de vida pues no es sino vivir con coherencia la enseñanza de la misma Iglesia.) escribió cuatro libros contra la jerarquía eclesiástica a la que atacó duramente por ser proclive a la reforma. Censuró al clero en un sínodo por su corrupción, vanidad, relajamiento y amor a las ganancias. Bien sabía él que la mayoría del clero (la alta jerarquía) había llegado allí por su servicio al estado o por intereses privados. Él permaneció fiel a la diócesis de Rochester, muy pobre, renunciando a otras mejores afirmando que "no dejaría a su pobre y vieja esposa por la viuda más rica de Inglaterra.". Un hombre ejemplar. De él dirían:

"No conozco a ningún hombre que compare con el en sabiduría, conocimiento y virtud probada" Santo Tomás Moro

"No hay en la nación hombre mas instruido ni obispo mas santo" Erasmo de Rotterdam