El Papa define la libertad religiosa como el primer derecho humano

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Benedicto XVI abordó este lunes los principales temas de la actualidad internacional durante una audiencia con miembros del cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede en la Sala Regia del Palacio Apostólico del Vaticano, a quienes transmitió sus mejores deseos para el año que acaba de empezar. En su mensaje, el Santo Padre condenó las leyes, sobre todo en Occidente, que «no solo permiten, sino que favorecen el aborto». Hizo especial hincapié en el acoso que sufre la libertad religiosa, de la que dijo que es "el primer derecho del hombre, porque expresa la realidad más fundamental de la persona". "Este derecho -afirmó el Pontífice- con demasiada frecuencia y por distintos motivos se sigue limitando y violando". En este marco, se refirió, para ponerle como ejemplo, al ministro paquistaní asesinado por defender a los cristianos en su país, Shahbaz Bhatti.

El Papa apostó por que en Siria se lleve a cabo un diálogo "fructífero" entre los actores políticos, favorecido por la presencia de "observadores independientes". "Siento una gran preocupación por la población de los países que sufren todavía tensiones y violencias, en particular Siria, en la que espero que se ponga rápidamente fin al derramamiento de sangre y se inicie un diálogo fructífero entre los actores políticos, favorecido por la presencia de observadores independientes", dijo el Papa.

"En Tierra Santa, donde las tensiones entre palestinos e israelíes repercuten en el equilibrio de todo Oriente Medio, es necesario que los responsables de estos dos pueblos adopten decisiones valerosas y clarividentes en favor de la paz", agregó.

"Primavera" árabe

Benedicto XVI se refirió además a las revoluciones populares del norte de África y Oriente Medio, en cuyos "fermentos" situó la "incertidumbre" que acusan los jóvenes. "En este momento es difícil trazar un balance definitivo de los sucesos recientes y cuáles serán sus consecuencias para el equilibrio de la región. A pesar del optimismo inicial, se abre paso el reconocimiento de las dificultades de este momento de transición y cambio", comentó el papa.

"Me parece evidente -añadió- que el modo adecuado de continuar el camino emprendido pasa por el reconocimiento de la dignidad de toda persona y de sus derechos fundamentales. El respeto de la persona debe estar en el centro de las instituciones, debe contribuir a acabar con la violencia y prevenir el riesgo de que la atención a las demandas de los ciudadanos (...) se transformen en meros instrumentos para conservar o conquistar el poder".

Benedicto XVI invitó a la comunidad internacional a dialogar "con los actores de los procesos en marcha" y deploró los atentados que "han causado recientemente la pérdida de numerosas vidas humanas" en Irak, a cuyas autoridades animó a "proseguir con firmeza por el camino de una plena reconciliación nacional".

Colaboración de cristianos en África

El Papa pidió asimismo colaboración entre las comunidades cristianas y los gobiernos africanos, para "abrir un camino de justicia, paz y reconciliación, donde los miembros de todas las etnias y religiones sean respetados".

"Es doloroso constatar que, en distintos países del continente (africano), este objetivo está todavía muy lejano. Me refiero de modo particular al aumento de la violencia en Nigeria, como nos lo han recordado los atentados cometidos contra algunas iglesias en el tiempo de Navidad", incidió.

Mensaje de ánimo ante la crisis

Benedicto XVI transmitió además un mensaje de ánimo ante la actual crisis económica y financiera, contra la que pidió "nuevas formas de compromiso". La crisis, dijo, "no solo ha golpeado a familias y empresas en los países económicamente más avanzados (...) creando una situación en la que muchos, sobre todo jóvenes, se han sentido desorientados y frustrados (...), sino que ha marcado también profundamente la vida de los países en desarrollo. No debemos desanimarnos, sino emprender de nuevo con decisión el camino, con nuevas formas de compromiso".

La actual situación "puede y debe ser un acicate para reflexionar sobre la existencia humana y la importancia de su dimensión ética, antes que sobre los mecanismos que gobiernan la vida económica, no solo para intentar encauzar las partes individuales o las economías nacionales, sino para dar nuevas reglas que aseguren a todos la posibilidad de vivir dignamente", agregó.

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