¿Renacer cristiano en Europa?

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Autor: George WEIGEL, escritor

A mediados de mayo el Papa Benedicto XVI hizo una peregrinación a Portugal: medio millón de personas participaron en la misa celebrada al aire libre en Fátima.

Una vez de vuelta a Roma, doscientos mil peregrinos inundaron la Plaza de San Pedro para rezar el Regina Coeli con Benedicto XVI, lo que demuestra el apoyo a un Papa sitiado durante meses por las críticas sobre su comportamiento con los sacerdotes culpables de abusar de los niños y los obispos irresponsables.
Una semana después terminó, tras 44 días, la exposición de la Sábana Santa en Turín. Durante estas seis semanas, alrededor de 2 millones de personas se enfrentaron a largas filas para pasar unos breves momentos frente a lo que algunos creen que fue el sudario de Cristo.
Por no mencionar el último viaje a Inglaterra ...
Mensaje a los diversos Mark Twain: ¿Han sido demasiado "infladas" las estadísticas sobre la muerte del cristianismo en Europa? Es una pregunta simple, y como yo fui el que lanzó la voz de alarma sobre la crisis europea en términos de civilización moral con la publicación de mi “El cubo y la catedral”, me siento obligado a buscar una respuesta. Que es ésta: Es demasiado pronto para decirlo.
La gran afluencia de peregrinos a Fátima o los números extraordinarios de los que vinieron a ver la Sábana Santa, son signos alentadores. Al igual que la piedad popular, que sigue siendo evidente en Polonia, sobre todo recientemente, por la trágica muerte de algunos líderes de esa nación en el accidente de avión en abril pasado, cuando viajaban en visitar las fosas comunes de Katyn .
Por otra parte, esto vale también, paradójicamente, para valorar los ataques virulentos que está sufriendo la Iglesia y el Papa en los últimos meses.
Nadie gasta energía para criticar a una institución considerada moribunda ni para acabar con su líder, de 83 años, al que se considera irrelevante. Por eso, estos mismos ataques son evidencia de que la fe cristiana -y la Iglesia Católica- son factores importantes en la cultura europea y la vida pública europea.
Además, si el Día Mundial de la Juventud, que se celebrará en Madrid en agosto, verá reunidos a un millón o más de jóvenes peregrinos, como parece posible, será un desafío para el gobierno español de Zapatero hiper-secularizado y para los “hijos de los años sesenta”, que pueden tolerar el cristianismo como un estilo de vida personal (aunque considero que es muy raro), pero que insisten en que la sociedad europea del siglo XXI debe ser liberada de cualquier argumento moral de inspiración religiosa.
Pero el factor decisivo en todo esto, sin embargo, es si esta demostración pública de convicción y de piedad cristiana, se convertirá en un elemento de transformación de la cultura, a fin de ser capaz de ejercer una influencia en la esfera pública. No es fácil ver que algo así pueda suceder en Europa.
El catolicismo europeo tiene poco de la infraestructura puesto en marcha en los Estados Unidos en las últimas décadas con miras a esta "guerra cultural".
He aquí un ejemplo: en Europa no hay nada como la primera revista “First Things” y a su equipo de escritores, cuyos ensayos y artículos requieren la atención de los funcionarios públicos, académicos, medios de comunicación y otros formadores de opinión.
La puesta en marcha de este tipo de movimiento cultural requiere mucho trabajo y recursos. Por encima de todo, requiere una masa crítica de católicos convertidos de verdad al cristianismo y que hayan pasado por momentos como los de Padre Robert Barron, un sacerdote de Chicago, que vive en Turín. Él escribe: "Debo admitir que esto (la exposición de la Sábana Santa) fue una de las experiencias religiosas más extraordinarios de mi vida. Las marcas en la Sábana Santa, incluidas las manchas de sangre, son claramente visibles, lo que significa que la realidad brutal de la Pasión es claramente visible. Mirando a la Sábana Santa, me he sentido traslado en el tiempo, a aquella colina sucia y pequeña, fuera de las murallas de Jerusalén, en los años 30, en la que un joven fue torturado hasta la muerte. Se me hizo presente la cara de ese joven: el rostro apacible, noble, inquietante, extraño, que se abre al mismo tiempo a la profundidad de la miseria humana y a la plenitud de la misericordia divina. En el rostro del Dios crucificado se desarrolla todo el drama y la poesía de la fe cristiana, la Respuesta que no es más que una respuesta fácil, la Palabra que supera la palabra de cualquier filósofo .... "