La superabundancia de los dones de Dios

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Autor: Francisco Javier GARCÍA, químico

La fiesta de los Ángeles Custodios me ha hecho caer en la cuenta de la superabundancia de los dones de Dios. A primera vista, podría parecer que la acción protectora de los ángeles es casi superflua.

En efecto, después de la muerte de Jesucristo por nuestros pecados, del amor del Padre, del envío del Espíritu Santo y de la institución de su Iglesia para administrar los sacramentos, sería lógico pensar que ya estamos suficientemente protegidos. Pero el hecho es que Dios no se ha conformado. Además de los ángeles nos ha dejado a la Santísima Virgen como modelo (luz) y madre (amor encendido) y cada siglo nos envía nuevos santos que son modelos de conducta, profetas que nos explican lo que está pasando, doctores que profundizan en el conocimiento de la verdad. A eso hay que añadir los distintos signos y prodigios que nos deja sentir.

Pero es que la superabundancia parece ser un sello en la actuación de Dios. Así, en su Pasión, el Señor no sólo fue crucificado, sino que además fue flagelado, coronado de espinas y derramó hasta la última gota de sangre con la lanzada en el corazón. Por otra parte, un sistema solar con un sol, una luna y otros planetas ya sería bastante espectacular, pero lo que hay en el cielo son cúmulos de cúmulos de galaxias. En zoología, botánica y otras ciencias de la naturaleza se pueden encontrar ejemplos similares.

Ahora bien, si nos miramos a nosotros mismos nos vemos reflejados en la actuación del pueblo de Israel tan bien descrita en el libro del Éxodo o en la actuación de Pedro (y otros apóstoles) durante la Pasión. Ante la dureza de una situación vital se nos olvida, de repente, todo lo que sabemos de Dios, desconfiamos de Él. En este momento, más allá de las dificultades personales vivimos tiempos de incertidumbre en la Iglesia, en el mundo y en nuestro propio país. Quizás la fiesta de los Ángeles Custodios sirva para recordarnos que valemos más que un par de gorriones y que hasta los pelos de nuestra cabeza están contados. Dios es de fiar. Al final nos sucederá lo mejor, aunque no sea lo que nosotros hayamos pedido o deseado.