Respuesta al desafío

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Autor: Santiago MARTÍN, sacerdote

La semana pasada, dediqué este comentario a la actualidad de la Iglesia al desafío público que algunos obispos alemanes le habían hecho al Papa. Después de que el Santo Padre remitiera a Alemania la cuestión de la comunión a los luteranos, pidiendo que hubiera unanimidad y que lo que allí se aprobara sirviera para la Iglesia universal, varios obispos de ese país afirmaron que en sus diócesis harían lo que quisieran, sin respetar las condiciones que había exigido el Pontífice. Entre los desafiantes estaba nada menos que el cardenal Marx, arzobispo de Munich y uno de los hombres más próximo al Papa, pues forma parte del grupo especial de consejeros conocido como G-9, que le ayuda en el gobierno de la Iglesia. Era un desafío abierto, que venía a decir que no sólo no pensaban obedecer, sino que eran ellos los que marcaban el rumbo de la Iglesia y no el Papa.

Como suele suceder, la respuesta no vino en forma de comunicado corrector, sino en forma de hechos. Pocos días después del desafío público, el Santo Padre ha anunciado el nombramiento de 14 nuevos cardenales, 11 de los cuales con derecho a voto pues tienen menos de 80 años. Entre ellos no ha habido ningún alemán y se esperaba que al menos uno, monseñor Koch de Berlín, recibiera la púrpura. Koch es conocido por sus posiciones radicales, pues ha promocionado una guía de formación sexual para adolescentes donde, entre otras cosas, se promueve el aborto. Otro que podía haber sido nombrado es el sucesor del cardenal Lehmann en Maguncia, monseñor Kohlgraf, que había sido uno de los que dijeron que en Alemania cada diócesis haría lo que quisiera sin respetar la orden del Papa.

Pero no sólo fue Alemania la que recibió la respuesta del Papa. En Italia, el Pontífice no nombró cardenales a ninguno de los representantes más progresistas del Episcopado, como monseñor Bruno Forte, o el arzobispo de Palermo o el de Bolonia, que es además destacado miembro de la Comunidad de San Egidio, a la que el Papa ha elogiado muchas veces, pero a la que no ha dado ningún cardenal.

El Papa se ha distanciado de los radicales con estos nombramientos, como si hubiera querido responder al desafío que éstos le habían hecho con sus declaraciones. En cambio, y esto puede ser significativo, ha nombrado cardenal a un joven obispo polaco, que trabaja a sus órdenes en el Vaticano, distribuyendo ayuda a los mendigos de la ciudad. Tiene sólo 55 años y, ciertamente, su nombramiento podía haber esperado a otro consistorio, máxime cuando en éste el Papa se ha pasado del límite de 120 cardenales electores, pero el Santo Padre no ha querido dejar para más adelante recompensarle con el cardenalato, lo cual está siendo muy comentado en Roma.

El Papa es el Vicario de Cristo y así se lo ha dejado claro a los que presumen de ser sus amigos y, desde esa posición, intentan condicionar su línea de gobierno, como si fueran ellos y no el Pontífice el que gobernara la Iglesia. Más de uno debería sacar consecuencias de la lección que acaba de dar el Papa.