La fe del cristiano

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Autor: Osman RAMOS, sacerdote Franciscano de María

Lo que les ha ocurrido a tantos eclesiásticos que hoy nos están proponiendo ir en contra de Cristo y de su Iglesia es esto que advierte Yahvé en el Antiguo Testamento; han dejado de confiar en Dios, en el Único Dios Verdadero y han empezado a confiar en otros hombres y a partir de aquí, en todo lo demás: en ideologías, herejías, doctrinas nocivas que destruyen al mismo hombre.

Bien dijo Chesterton: “Cuando se deja de creer en Dios, enseguida se cree en cualquier cosa”. Están cegados porque se han dejado poner vendas en sus ojos y a su vez van queriendo poner vendas en los ojos de los demás; algunos ya se las han dejado poner y entonces está ocurriendo aquello que dijo nuestro Señor: “¿Podrá un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán en el hoyo?” (Lc 6, 39) Muchísimos ya cayeron en el hoyo de la herejía, de las envidias, del desenfreno, de las blasfemias… convirtiéndose no en esclavos del Señor como lo hizo Nuestra Madre, la Virgen (cf.Lc 1, 38) sino, como dice San Pablo, en esclavos de los hombres (cf.Rm 7, 23).

Pero Cristo es siempre la Roca firme que nunca se mueve, que nunca defrauda y que siempre nos da seguridad. Cristo es el único que puede sanar nuestra ceguera como sanó la del ciego de Betsaida (cf. Mc 8, 22-26) y, aunque al inicio no entendamos muchas cosas, como el ciego que inició viendo como árboles (cf. Mc 8, 24), al final veremos claramente, ya no como en un espejo sino cara a cara (cf. 1Cor 13, 12) Por tanto, hay que volver a Él una vez más y permanecer “sólidamente cimentados en la fe, firmes e inamovibles en la esperanza del Evangelio...” (1Col 1, 23) Él es la Única Roca firme de la que siempre maná la fuente autentica de agua siempre fresca, siempre nueva, siempre renovada y que es la única capaz de calmar cualquier sed y dejar al descubierto cualquier falsedad.

Por tanto, queridos seminaristas y todos aquellos que buscáis con sed de fidelidad y santidad la Dirección espiritual, recordad estas palabras de Nuestro Señor: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí” (Juan 14, 6). Y estas otras: “No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios: creed también en mí” (Juan 14, 1). Y estas también: “… todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el hombre prudente que edificó su casa sobre roca” (Mt 7, 24).Y responded al Señor como el rey David, diciendo: “Te amo, Yahvé,mi Fortaleza, mi Salvador, que me salva de la violencia. Yahvé, mi Roca y mi Baluarte, mi Libertador y mi Dios; la Roca en que me amparo, mi Escudo y mi Fuerza salvadora, mi Ciudadela y mi Refugio” (Salmo 18, 2-3). Nunca olvidéis que el Director espiritual por excelencia es Cristo y Él, a la vez, es quien dirige la Barca de Pedro, la Iglesia.

Ante estos hombres que confían en los hombres nosotros debemos imitar y permanecer unidos a Cristo que fue y es signo de contradicción (cf. Lc 2, 34). Sólo el que permanece unido a Cristo no tiene miedo a navegar contra corriente con la firme convicción de que nuestra corriente es la correcta por muy minoritaria que sea, pero esta minoría posee la fuerza de Cristo para permanecer fiel a su Persona y a su Mensaje. No olvidéis que nuestra confianza ciega debe estar puesta solamente en Cristo y en nadie más; esta es la base fundamental de una vida espiritual sólida. Por tanto, “no pongáis la confianza en los nobles, en un ser humano, incapaz de salvar” (Salmo 145) Nuestra fe ciega solo debe estar puesta en Cristo que nos dijo:“Mirad que llega la hora, y ha llegado, en que os dispersaréis cada uno por vuestro lado y me dejaréis solo. Pero no estoy solo porque el Padre está conmigo. Os he dicho estas cosas para que tengáis paz en Mí. En el mundo tendréis tribulación. Pero ¡ánimo!: yo he vencido al mundo” (Jn 16, 33). ¿Pueden haber palabras que nos consuelen y nos den fuerzas más que éstas?

Queridos Seminaristas y laicos, confiad ciegamente sólo en Cristo, pero sólo en Cristo dentro de la Iglesia, nunca fuera de ella. Porque aunque el infierno quiera derrotarla no puede porque Cristo ya ha vencido.

Guardaos de los falsos profetas que vienen a vosotros con disfraces de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces”(Mt 7, 15)