Hijos del sol y de la luz

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Autor: Manuel MORALES, agustino

Me pasa un amigo su libro de trofología (la ciencia de la alimentación), y leo esta sentencia: “El hombre es hijo del sol y de la luz. La enfermedad se fragua en la sombra… No temáis al sol, él cura”.

¡Pues me viene al pelo la recomendacioncita para un tiempo de elecciones y campañas! ¿Cuánto tiempo llevamos de campaña? ¿Cuánto nos queda todavía? ¿Y qué pediremos los ciudadanos de a pie a estos políticos que tan apasionadamente nos ofrecen la “vida feliz”? ¿Qué les pido yo?

Recuerdo el magistral discurso que Benedicto XVI pronunció en el parlamento de sus connacionales (22.9.2011). El joven rey Salomón, decía el papa, al verse gobernante, no pedía a Dios éxito, ni riqueza, ni larga vida, ni la eliminación de los enemigos; pedía solo “un corazón dócil para saber juzgar al pueblo y discernir entre el bien y el mal”. ¡Un corazón dócil! O sea, compromiso por la justicia, deseo de comprender y aplicar el derecho, fidelidad al bien y a la verdad. Y, de aquel discurso, me quedé con una imagen que hace referencia al sol y a la luz del trofólogo. Me explico.

Los buenos teólogos, hace siglos, nos enseñaron a los cristianos que, contrariamente a lo que se piensa en otras grandes religiones, para acertar con la fuente de los derechos, la dignidad del hombre y de la humanidad, y ponernos de acuerdo con todos, no era necesario recurrir a motivaciones religiosas; bastaba la razón y la ley natural. Porque la naturaleza tiene su lenguaje. Solo hace falta leerlo bien y respetarlo. Somos seres libres, claro que sí; tenemos una voluntad libre para dirigirnos, pero somos siempre “naturaleza”. ¡Naturaleza recibida! ¡Vamos, que no somos el Dios Creador!

Pues bien, ¿es mucho pedirles a los políticos que no se nos vistan de dioses y que respeten la ley natural? ¡La ley natural, no la “doctrina católica”! Aceptar lo que somos y admitir que “la razón objetiva que se manifiesta en la naturaleza presupone una Razón creadora”. ¿Es mucho pedir?

¿Y la imagen de aquel discurso del papa? ¡Atención!: “La razón positivista, que se presenta de modo exclusivo y que no es capaz de percibir nada más que aquello que es funcional, se parece a los edificios de cemento armado sin ventanas, en los que logramos el clima y la luz por nosotros mismos, sin querer recibir ya ambas cosas del gran mundo de Dios”. ¡El gran mundo de Dios!

¿Más claro? Nos lo había dicho ya a los españoles en Santiago de Compostela, noviembre de 2010: ¡Que no nos cierren las ventanas, por favor! “Los hombres no podemos vivir a oscuras, sin ver la luz del sol. ¿Cómo es posible que se le niegue a Dios, sol de las inteligencias, fuerza de las voluntades e imán de nuestros corazones, el derecho de proponer esa luz que disipa toda tiniebla?”

“Ante las próximas elecciones” puede ser una ayuda el artículo publicado en la revista Ecclesia (6 de abril) por el obispo Luis Argüello. “Ventanas abiertas” serían, por ejemplo, las palabras que él recuerda como “fundantes de la vida común”: “¡No matarás, no robarás, no mentirás, no cometerás actos impuros! ¡Ama a tu prójimo como a ti mismo; la verdad nos hace libres, no podéis servir a Dios y al dinero; tratad a los demás como queréis que ellos os traten; sois hermanos!”. ¡El sol y la luz!