La diversidad sexual y la voluntad de Dios

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Autor: Kofi ADZAKLUI-TUME, religioso FM

“Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó” (Gn 1, 27)

Esas palabras del Génesis son verdades reveladas y cualquier cristiano cometerá anatema negándolas. La Sagrada Escritura desde el primer libro ya revela al hombre su dignidad de ser criatura a la imagen de su creador, el que lo llamó a la existencia creándolo de la nada para que existiera, conozca los designios del creador. Estos designios que luego el Verbo de Dios encarnado, el Hijo de Dios revelará al hombre su verdadera condición la de ser hijo en el Hijo e insertarse en la vida divina. Ahora bien, ¿la ideología de género, que tanto nos predican los algunos educadores y dirigentes de nuestros países y sociedades, no es una ofensa a la fe católica?, ¿a la revelación y al designio de Dios?,¿o es una forma de ateísmo moderno?...

Con tantas interrogantes, vengo a intentar a la luz de la revelación, el magisterio y otras fuentes eclesiales acreditadas explicar el daño mayor que supone esta ideología para la revelación, la familia, la dignidad humana y la antropología cristiana católica. Con este artículo no pretendo dar enseñanzas nuevas, ni presumo erigirme en fuente de autoridad, solo intentar compartir lo que he recibido gratuitamente de la enseñanza de la santa madre iglesia, como modo de agradecer a Dios por el don de la fe y la recta doctrina. Espero que ayude a cuantos lo lean.

¿Qué es la ideología de género?

La ideología de género expone que el género es un modo diverso de expresar lo que tradicionalmente se llama sexo. Reduce así, las diferencias sexuales a mero dato material y anatómico y supera la manera bipolar (masculino/femenino) de pensar lo humano. Eso conlleva a considerar las obvias anatomías no correspondiente a una naturaleza fija que haga unos seres humanos varones y otros, mujeres.

La instrumentalización de la cultura en una propaganda ideológica engañosa.

Todo ser que alienta está vinculado a una sociedad, y su dimensión social lo concede algún modo de vida que le es propio. Así viviendo en una comunidad, comparte y vive según ella, lo que hace que tiene ligada a él, una cultura naciente o adquirida por inculturación o asimilación cultural. Obviamente hay algunas muy buenas desde el punto de prácticas y otras menos buenas desde el punto de las demás culturas. De hecho, la iglesia utiliza la cultura para asentar el evangelio donde no ha llegado, asumiendo todo lo que hay de bueno haciendo de esa cultura una cultura evangelizada. Eso es la inculturación.

Ahora bien, para atacar a la familia natural querida por Dios desde el principio de la creación, los ideólogos de géneros intentan instrumentalizar la cultura para llegar a su fin: cargar con el orden natural instaurado por Dios por lo tanto quitar a Dios fuero del ámbito moral y familiar. Ellos parten de dos principios falsos; el sexo es el aspecto biológico de los seres humanos: varón y mujer las características son del sexo que corresponde y el género es el sexo culturalmente construido. Judith Butler en su libro: Gender trouble dice: “el género es una construcción cultural, por consiguiente, no es ni resultado causal del sexo ni tan aparentemente fijo como el sexo”. Con esta cita de la autora, ya se entiende la flagelación que padece le Hombre, y el género mediante la cultura instrumentalizada. Por delante dicen estos ideólogos que el género no es una realidad precisa y definida en el hombre, sino una realidad gradual. Esto se adquiere con el tiempo en la sociedad porque el ser humano nace según ellos con rasgos simultáneamente femeninos y masculinos, nadie nace varón o mujer depende de cada uno y su elección y desarrollo. Me acuerdo de aquella frase de Simón de Beauvoir que nadie nace mujer, el ser mujer se hace, se construye.

¿Qué dice el magisterio de la iglesia acerca de la ideología de género?

La iglesia no se quedó indefensa delante de la ideología de género. Ella ofreció y reiteradamente la doctrina de Cristo en su pureza e originalidad reafirmando el dato del génesis sobre la diversidad sexual y demás datos que contiene la totalidad de la Sagrada Escritura.

La diversidad sexual ante todo y sobre todo es un dato natural, o mejor creatural.

En el inicio, Dios creó el Hombre y quiso la diversidad por eso dice génesis que varón y hembra los creó. Desde aquí se distingue la diversidad sexual como un dato natural, bíblico por lo tanto deseado por Dios. Es un don. Esa diversidad, bien aún es un tesoro porque el hombre está llamado a la comunión con Dios en la alteridad, en la diversidad, la igualdad y en la complementariedad. El catecismo de la iglesia católica nos dice en su nº45 “el hombre está hecho para vivir en comunión con Dios, en quien encuentra su delicia. Cuando me adhiera a ti con todo mi ser, no habrá ya para mí penas ni pruebas, y mi vida llena de ti, será plena”. De hecho, el magisterio de la iglesia católica nos dice que la diversidad de la composición genética del varón le pertenece a él solo y a nadie más. Igual que la mujer recibió el mandato de la gestación que no fue concedido al varón porque el nombre Eva significa madre de la humanidad, «Aquella que da vida». Por eso solo la mujer tiene este derecho y mandato divino a llevar la gestación, porque dará vida y no lleva una cosa manipulable. También la fecundación humana está subordinada a la unión de un varón con una mujer no entre los mismos sexos.

El significado del don de la diversidad sexual.

La tradición cristiana enseña que la sexualidad es buena e es querida por Dios. Ella está orientada a la vocación humana y a la comunión interpersonal. De hecho, para realizar esa comunión en la alteridad, pero de forma matrimonial, leemos en Mt19, 4-6: «por eso abandona un hombre a su padre y a su madre, se une a su mujer y los dos se hacen una sola carne. De suerte que ya no son dos, sino una sola carne. Así pues, lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre». Es un dato de complementariedad hacia la comunión de amor que se da en Dios. De hecho, la diversidad, la igualdad y la complementariedad son fundamentales en el camino hacia este bien mayor, la unión con Dios y con los demás en calidad de hijos adoptivos en el Hijo de Dios. En efecto, negar que haya una naturaleza preestablecida es cargar con la moral cristiana y la ley natural, esa luz de la razón que cada hombre tiene es sí. Esa gracia dada por el espíritu santo a los creyentes por la fe en Cristo nos dice santo Tomás hablando de la conciencia, este sagrario del hombre vinculado a su corazón según el beato Henri Newman.

                 Consecuencias y daños de la ideología de género en el Hombre.

La ideología de género es la gran batalla que afronta la iglesia en estos tiempos de pérdida de conciencia moral y de la casi desaparición de la práctica religiosa y la expulsión de Dios en el ámbito público y su reclusión en lo privado. Enseñar hoy la verdadera doctrina de Jesús parece una labor dificilísima que supone nadar contra corriente y exponer su vida a las críticas de todo tipo.

La ideología de género supone un daño inmenso y para la revela y para el Hombre, porque engaña al éste y le vende ilusiones basadas en la falsedad y la mentira. Esta ideología supone una destrucción de los dogmas católicos y las verdades reveladas y aquí nos limitaremos a decir solo algunos.

           El dogma de la Santísima Trinidad.

Dios en el principio creó por amor, en el amor y con el amor. En fin, él no necesita al Hombre para ser Dios. El acto creacional es un acto trinitario, porque el génesis 1, 27 nos relata un diálogo entra trinitario que revela el amor y la unidad que existe entre las tres personas de la trinidad y su relación de alteridad. El hagamos al Hombre a nuestra imagen y semejanza es el resultado de amor y la prueba de relación que existe entre ellos. Si negamos que somos creados a imagen y semejanza también negamos al creador quien es un Dios Uno y Trino.

     La humanidad de Cristo.

Si nos nacemos varón ni mujer según la ideología de género, pues Cristo a la imagen de quien fuimos creado tampoco es hombre y varón verdadero. El concilio de calcedonia de 451 condenó esta herejía de Eutiques y reafirmó la plena humanidad de Cristo. Cristo no fue un Hombre quien eligió su ser varón. Nació varón y lo asumió en su humanidad porque sabe que pertenece a la obra creadora que inició la trinidad. San Ireneo dice que Dios piensa en Adán con los ojos puestos en la humanidad de Cristo. Somos creados a imagen de Cristo. De él tenemos nuestra dignidad y apartándonos de él, pervertimos nuestra imagen.

   La antropología cristiana.

La antropología cristiana enseña que el hombre es formado de cuerpo y de alma. Ser creado al imagen y semejanza de Dios implica tener algunos datos y atributos que definen el sexo al nacer, igual que algunos sellos en el alma que informa el cuerpo y lo garantiza su identidad. Si elegimos nuestro sexo, estaríamos yendo en contra del Creador y de su obra maestra que es el Hombre. Nacimos con los datos naturales creaturales que definen quien somos y a qué estamos llamado a ser. Dado que Cristo nos salvó en la carne y en la diversidad sexual.

   El sacerdocio de Cristo.

Al negar que nacimos con el sexo que disponemos al nacimiento estamos cargando con el sacerdocio de Cristo. Porque Cristo es el Único e Eterno Sacerdote y lo es en su carne y según el género de su sexo. En el jueves Santo, cuando Cristo instituyó el sacerdocio no lo confió al género neutro o a las mujeres más embargo a los varones. Porque antes de ser un servicio es una vocación a la que Cristo llama únicamente a los varones.

En fin, no podemos ser católicos y ser partidario de la ideología de género. Porque estaríamos negando las verdades de nuestra fe y volveríamos ateos. Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Después de eso dijo que era muy bueno así que no podemos a la vez pretender servir al maestro e ir en contra de sus enseñanzas.