Miedo al cisma

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Autor: Santiago MARTÍN, sacerdote FM

Las ruedas de Prensa del Santo Padre en el avión, a la ida o a la vuelta de los viajes a los países que visita, siempre dan mucho que hablar. A veces sólo se recuerda eso, como sucedió en el regreso a Roma desde Río de Janeiro, tras la Jornada Mundial de la Juventud.

Esta vez el Papa ha dicho muchas cosas interesantes -como lo de que pronto habrá que hablar de la “abuela Europa” por la falta de niños, debido a que los europeos prefieren tener un coche o una casa mejor que un hijo-. Algunas de esas cosas han llamado tanto la atención que se ha creado un cierto revuelo. Por ejemplo, lo de criticar a los curas que él considera “rígidos”. No sé muy bien a quiénes se puede estar refiriendo el Pontífice, pero no puedo pensar que esté hablando de los que defienden la integridad de la doctrina católica, pues en ese caso estaría insultando a personas muy queridas por él, como San Ignacio, San Francisco Javier, San Francisco, Santa Teresa o, por venir más cerca, San Juan Pablo II.

 

Más calado tiene lo de que no tiene miedo a los cismas, aunque reza para que no ocurran. Esa afirmación se produce como respuesta a una pregunta que daba por supuesto que en Estados Unidos se puede producir uno, por parte de los católicos que quieren seguir siendo fieles a las enseñanzas de Cristo. Evidentemente, era una pregunta-trampa. Yo no he oído a ningún obispo norteamericano, incluido el cardenal Burke, hablar de que en ese país se podría producir un cisma por parte de los conservadores. En cambio, sí se habla de eso con toda claridad en Alemania. Fue el obispo de Essen, adalid de las reformas sin límite en el próximo Sínodo de la Iglesia en esa nación europea, el que dijo que si no les dejaban hacer lo que quisieran iban a provocar un cisma mayor que el de Lutero. Lo dijo así de clarito y nadie pareció escandalizarse por ello. En cambio, inventan amenazas cismáticas en los conservadores, con el objetivo evidente de distraer la atención del verdadero peligro. El cisma, si se produce, vendrá por parte de aquellos que quieren la “nueva Iglesia”, si no les dan lo que piden. ¿Y si se lo dan? Esta es una pregunta que tiene respuesta: No se lo darán. Al menos aquello que sea incompatible con la fe, recogida en el Nuevo Testamento y en la Tradición. Por ejemplo, en la carta que el Santo Padre escribió hace poco a la Iglesia católica en Alemania con motivo del mencionado Sínodo, les hablaba de la necesidad de poner la evangelización en primer lugar, de evitar la burocratización de la Iglesia y de no romper con la Iglesia universal. Eran advertencias muy claras que ellos no han escuchado, como pone de manifiesto el rechazo al plan alternativo para el Sínodo, propuesto por el cardenal de Colonia y el obispo de Regensburg, que iba en la línea de lo pedido por el Santo Padre. El Papa sabe cuál es su misión: defender el depósito íntegro de la fe y hay mucho mayor peligro de ruptura por parte de los que quieren prescindir de parte de ese tesoro que por parte de los que quieren conservarlo íntegro. Por eso, es posible que, queriendo o sin querer, el Pontífice estuviera lanzando un mensaje a los díscolos alemanes, que son los únicos que han amenazado con el cisma y que serían los responsables si, por desgracia, se produjera.

Por si fuera poco, el cardenal Ouellet, acaba de enviar un documento a la Conferencia Episcopal alemana desautorizando explícitamente la forma en que se va a llevar a cabo el Sínodo alemán, que pretende, como ellos mismos han dicho, modificar por su cuenta tanto normas morales como aspectos de la doctrina de la Iglesia. Es impensable que una desautorización así se haya producido sin conocimiento y permiso del Papa. Por lo tanto, si hay cisma vendrá por la izquierda y no sé hasta qué punto hay que tenerle miedo a eso.

Sigamos rezando por la Iglesia y por el Papa. Que ambos sean siempre fieles a Jesucristo y a todas sus enseñanzas.