También un cardenal cercano a Bergoglio denuncia los peligros de los Sínodos de la Amazonía y de Alemania

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Autor: Sandro MAGISTER, periodista

A pocos días del comienzo del comienzo del Sínodo sobre la Amazonia, otro cardenal de primerísimo nivel ha salido a la palestra contra los lineamientos de las sesiones, expresados en su documento base, el ”Instrumentum laboris”, y propagados con fuerza por el ala progresista de la Iglesia, especialmente de habla alemana, lineamientos que presentan la hipótesis de extender también el sacerdocio a hombres casados.

El cardenal es Marc Oullet, de 75 años, canadiense, prefecto de la Congregación para los Obispos y presidente de la Pontificia Comisión para América Latina. Lo ha hecho con un libro que está a la venta desde hoy, que desde el título permite entender de qué lado está en la disputa sobre los sacerdotes casados:

 

M. Ouellet, “Sacerdotes, amigos del Esposo. Para una visión renovada del celibato”, Encuentro, Madrid, 2019.

A diferencia de los otros cardenales que, antes que él, han confrontado públicamente la orientación del Sínodo – Brandmüller, Müller, Sarah, Burke, Urosa – Ouellet no ha sido clasificado jamás entre los opositores del actual pontífice. Esto es lo que todavía más impactante su ingreso al campo de discusión.

En estos días, además, hubo otras tres tomas de posición públicas, también ellas muy críticas de las orientaciones del Sínodo.

La primera es de los “Ratzinger Schülerkreise”, es decir, del antiguo y del nuevo círculo de alumnos del papa Benedicto XVI, cuando era docente de teología.

El sábado 28 de setiembre han llevado a cabo en Roma un simposio con el título: “Desafíos actuales para el Orden Sagrado”, totalmente destinado a “recomprender el Orden Sagrado en una perspectiva sacramental”, no en la puramente funcional propugnada por quienes querrían sacerdotes casados allí donde hubiese necesidad, comenzando por la Amazonia, pero también en países como Alemania.

Entre los expositores estuvo el cardenal Gerhard Müller, quien volvió a denunciar el grave peligro que “el llamado ‘camino sinodal’ en Alemania o el sínodo amazónico finalicen en el desastre de una posterior secularización de la Iglesia”:

Y tomó la palabra también Marianne Schlosser – docente de teología en Viena, miembro de la Comisión Teológica Internacional y condecorada en el 2018 con el Premio Ratzinger – quien dedicó buena parte de su exposición a la defensa del celibato, dando razón del mismo sobre todo en el “compartir el modo de vida de Jesús”, tanto más apropiada para aquéllos que con el sacramento del Orden “participan en el sacerdocio de Cristo”. Hay que señalar que Marianne Schlosser ha renunciado polémicamente el pasado 21 de setiembre al sínodo agendado en Alemania, en el que estaba asociada como experta al foro sobre el rol de la mujer en la Iglesia, evidentemente orientado a conferir también a las mujeres el Orden Sagrado.

La segunda toma de posición es la de un obispo de Papúa-Nueva Guinea, monseñor Cesare Bonivento, quien durante décadas ha estado misionando precisamente en una de las regiones el mundo, las islas del Pacífico, señalada también por el papa Francisco como una de las más desprovistas de clero célibe y, en consecuencia, las más necesitadas de sacerdotes casados.

Bonivento se ha lanzado a la palestra con un libro en el que documenta cómo el celibato del clero católico fue reafirmado por el Concilio Vaticano II por su fundamento teológico, y no por las razones utilitarias que por el contrario hoy se ponen en juego para pedir su superación.

La tercera toma de posición es la de “numerosísimos prelados, sacerdotes y fieles católicos de todo el mundo”, que en un Manifiesto hecho público en varios idiomas el 1 de octubre han acusado a cuatro “tesis” del documento base del Sínodo [sobre la Amazonia] de estar “en contradicción tanto con puntos específicos de la doctrina católica enseñada por la Iglesia, como con la fe en el Señor Jesús, único salvador de todos los hombres”.

La primera de las cuatro “tesis” juzgadas erróneas es también la más grave. Es la formulada en el ”Instrumentum laboris”, n. 39, en la que se afirma que “una actitud corporativista, que reserva la salvación exclusivamente al propio credo [es decir, al Credo de la Iglesia Católica – ndr] es destructiva de ese mismo credo”.

Los autores del Manifiesto contraponen a esta tesis la afirmación clave de la Declaración “Dominus Iesus” del 2000, en la que se definen como “contrarias a la fe cristiana y católica las propuestas de solución que proyectan un obrar salvífico de Dios más allá de la única mediación de Cristo”.

Pero antes también están las inequívocas palabras de Pedro en “Hechos de los Apóstoles” (4, 12): “No hay salvación en ningún otro [que no sea Jesús]; en efecto, no hay otro nombre dado a los hombres bajo el cielo en el cual está establecido que podemos ser salvos”.

Ahora bien, también sobre este último punto el cardenal Ouellet interviene con firmeza, desde las primeras páginas de su libro. Al cual es útil volver ahora.

En el capítulo introductorio del libro, en efecto, Ouellet antepone a la cuestión del celibato del clero otra cuestión todavía más capilar, que es precisamente la misma sobre la que Juan Pablo II y el entonces cardenal Joseph Ratzinger consideraron que debían publicar la “Dominus Jesus”, non por casualidad la más confrontada y discutida declaración doctrinal de la Iglesia en el último medio siglo.

Escribe el cardenal:

“los nuevos caminos del futuro producirán frutos evangélicos si son coherentes con un anuncio integral del Evangelio, ‘sine glossa’, que no sacrifica ninguno de los valores permanentes de la tradición cristiana. […] Bajo esta luz, buscar vías nuevas para la evangelización de los autóctonos en la Amazonia significa ir más allá de un enfoque que se reduciría a accionar desde cosmovisiones amazónicas, en un esfuerzo de síntesis intercultural que corre el riesgo de ser artificial y sincretista. La unicidad de Jesucristo y, en cierta medida, de la cultura bíblica, impone un diálogo respetuoso de las culturas pero claramente orientado a la conversión al misterio de la encarnación del Verbo. La unicidad trascendente de esta irrupción del Verbo en la historia humana confiere a la cultura bíblica un puesto en el concierto de las naciones y justifica que se la enseñe a todas las culturas, para aportarles aquello a lo que aspiran y a las cuales aportan sus valores y sus límites, con el objetivo de iluminarlas, sanarlas y asumirlas más allá de sí mismas”.

Dos páginas más adelante Ouellet aplica esta advertencia también a países como Alemania, donde ve en acción las “modernizaciones” que en realidad ponen en peligro la razón de ser de toda la Iglesia:

“Si esta reflexión sobre la evangelización es válida para la Amazonia, una reflexión análoga vale para la ‘nueva evangelización’ de los países cristianos desde antiguo. Si se la confunde con una modernización de las usanzas y de las costumbres, para hacer al cristianismo más aceptable a pesar de ciertas negatividades en su historia, estamos condenados al fracaso, y la gente no se deja engañar por recetas superficiales que se le proponen para mantener el interés por la institución eclesial. O bien la Iglesia propone al Jesús auténtico que es idéntico al Cristo de la fe o pierde la razón de ser de su misión, y los nuevos poderes de los medios de comunicación administrados por manos hostiles harán que muy pronto se vea superada y convertida en algo superfluo”.

La cuestión del sacerdocio y del celibato la afronta el cardenal Ouellet precisamente sobre el trasfondo ahora descrito. Aportando razones que muestran “la pertinencia hoy, mucho más en los contextos difíciles”.

Ouellet está entre los participantes en el inminente Sínodo sobre la Amazonia. Será interesante ver qué consenso alcanzarán estas críticas suyas.