Iglesia al borde del cisma en China. La alarma del cardenal Zen

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Autor: Sandro MAGISTER, periodista

El 3 de diciembre, “New Bloom”, revista online de Taiwan, ha publicado una amplia entrevista al cardenal Giuseppe Zen Zekiun, obispo emérito de Hong Kong. La entrevista ha tenido lugar en Hong Kong y lleva la firma de Nicholas Haggerty.

Se puede leer íntegra en inglés en este portal de “New Bloom”:
> Interview: Cardinal Joseph Zen

El cardenal recorre con gran detalle la política de la Santa Sede respecto a China durante los últimos tres pontificados. Y señala a los mayores responsables de la cesión al régimen comunista, ratificada con el acuerdo secreto del 22 de septiembre de 2018 firmado por el cardenal indio Ivan Dias, penúltimo prefecto de “Propaganda Fide”, y sobre todo por el cardenal secretario de Estado Pietro Parolin, anteriormente subsecretario responsable del dossier sobre China.

Publicamos a continuación la parte de la entrevista que atañe al pontificado de Francisco.

ZEN: Francisco tiene poco respeto por sus predecesores. Está eliminando todo lo que hicieron Juan Pablo II y Benedicto XVI. Y, obviamente, todos de boquilla dicen: "En continuidad….", pero es un insulto, un insulto. No hay continuidad.

En 2010, Parolin y Dias llegaron a un acuerdo con la parte china sobre el borrador, y todos empezaron a decir: “Oh, bien, ahora el acuerdo está cerca, está cerca”. Y, de repente, no se oyó nada más.

No tengo las pruebas, pero creo que el papa Benedicto dijo "no", que él no podía firmar ese acuerdo. Y creo que el acuerdo que se ha firmado es precisamente ese, el que se negó a firmar el papa Benedicto.

HAGGERTY: ¿Usted no ha visto el acuerdo, verdad? ¿No se lo han enseñado?

ZEN: ¡No! Le pregunto a usted si es justo que sea así. Soy uno de los dos cardenales chinos vivos y no puedo ver el acuerdo, y he estado tres veces en Roma.

HAGGERTY: ¿Cómo era su relación con Francisco al inicio de este pontificado? ¿Siempre ha sido tenso?

ZEN: Con Francisco tengo, personalmente, una relación maravillosa. Incluso ahora. A principios de julio de este año cené con él. Pero no responde a mis cartas. Y todo lo que ha sucedido es lo contrario de lo que yo sugerí.

Hay tres cosas. Un acuerdo secreto, que es tan secreto que no se puede decir nada al respecto. No sabemos qué se ha pactado. Luego, la legitimación de los siete obispos excomulgados. Es increíble, realmente increíble; pero más increíble aún es la tercera cosa: la eliminación de la Iglesia clandestina.

Ahora han completado su trabajo. El 28 de junio, un documento salió de la Santa Sede… ¡de la Santa Sede! Nunca había salido un documento de la Santa Sede sin más; siempre salen con el membrete de un dicasterio y las firmas. Este documento no lleva el membrete de ningún dicasterio y no está firmado. Increíble, increíble. Hay alguien que no se atreve a asumir la responsabilidad.

Volví a Roma por tercera vez. Fui en enero y octubre del año pasado y en junio de este año. Envié una carta a la residencia del papa en la que escribí: “Santo Padre, estoy aquí en Roma. Me gustaría saber quién redactó ese documento, el denominado 'orientación pastoral'. Y me gustaría hablar sobre él con usted. Estaré en Roma cuatro días, llámeme cuando quiera, de día o de noche”.

Un día, después, nada. Envié otra nota, pero esta vez incluía mis objeciones al documento. Escribí: “Estoy aquí esperando”. Al día siguiente, alguien vino a decirme: “El Santo Padre dice que cualquier cosa que usted tenga que decir, dígaselo al secretario de Estado, el cardenal Parolin”. Yo estaba furioso.

Respondí: “¡No! Nunca perderé mi tiempo con ese tipo”. Una pérdida de tiempo real, porque él y yo nunca nos pondremos de acuerdo. Quería que el Santo Padre estuviera presente, pero como parecía algo imposible, vale, de acuerdo, me volvería a casa con las manos vacías.

El último día fui a rezar a una basílica y a visitar a unos amigos. […] Volví a casa a las cinco de la tarde. Me dijeron: “El Santo Padre le invita a cenar junto a Parolin”.

Fui a cenar. Algo sencillo, solos los tres. Pensé que la cena no era el momento adecuado para pelear, por lo que me mantuve amable mientras cenábamos. Hablé sobre Hong Kong y Parolin no dijo una sola palabra. Al final, dije: “Santo Padre, ¿qué pasa con mis objeciones al documento?”. Él dijo: “Vale, me ocuparé de este asunto”. Me acompañó hasta la puerta cuando llegó el momento de irme.

No volví con las manos vacía: tuve la clara impresión de que Parolin está manipulando al Santo Padre.

HAGGERTY: ¿Qué es lo que quiere Parolin?

ZEN: Bueno, nadie lo sabe seguro, porque es un misterio real por qué un hombre de Iglesia, conocedor de China y del régimen comunista, hace lo que él está haciendo ahora. La única explicación es que no se trata de una decisión basada en la fe, sino en la búsqueda de un éxito diplomático. Es la vanagloria.

Este último acto es realmente increíble. El documento dice: “Para llevar a cabo el ministerio abiertamente, hay que estar registrado en el gobierno”. Y hay que firmar. Firmar algo en lo que se dice que tienes que apoyar a la iglesia independiente. […] El documento contiene cuestiones que son contrarias a nuestra ortodoxia y nos instan a firmar. Uno no se puede engañar a sí mismo. No puedes engañar a los comunistas. Estás engañando a todo el mundo. Estás engañando a los fieles. Firmar el documento no es firmar una declaración. Cuando firmas, está aceptando ser miembro de una iglesia que está sometida al partido comunista. Es terrible, terrible.

He oído que recientemente el Santo Padre, en un viaje de vuelta de (no recuerdo de dónde), ha dicho: “Claro que no quiero ver un cisma. Pero no tengo miedo de los cismas”. Pues yo le digo: “Usted está impulsando un cisma. Usted está legitimando la iglesia cismática en China”. Increíble.