Prueba de cónclave. El próximo Papa tomará el nombre de San Egidio

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Autor: Sandro MAGISTER, periodista

Dos actos recientes del papa Francisco han atraído la atención sobre el cónclave que elegirá a su sucesor. Y sobre el nombre de los candidatos.

El primer acto, dado a conocer el 25 de noviembre por el director de la sala de prensa del Vaticano, es la renuncia, aceptada por el papa, de su secretario personal, el argentino Fabián Pedacchio Leániz, 55 años, desde 2007 oficial de la congregación para los obispos.

Pedacchio, secretario personal de Francisco desde 2013, volverá a trabajar a tiempo completo para la congregación, donde, por otra parte, había seguido desarrollando un papel relevante por su cercanía al papa y donde es previsible que en un futuro próximo suba de nivel, incluyendo una ordenación episcopal.

Que un papa proteja anticipadamente a su secretario personal de los contragolpes de la sucesión es algo habitual en la crónicas vaticanas, y Jorge Mario Bergoglio ha considerado que debía hacer lo mismo sin dudarlo.

El segundo acto, hecho público el domingo 8 de diciembre, ha sido el nombramiento como  nuevo prefecto de la congregación para la evangelización de los pueblos del cardenal filipino Luis Antonio Gokim Tagle, 62 años, arzobispo de Manila desde 2011 y presidente de Caritas Internationalis desde 2015.

Para hacerle sitio en la guía de “Propaganda Fide”, Francisco ha quitado de en medio bruscamente al predecesor, el cardenal Fernando Filoni, a pesar de que este no había llegado al límite de mandato ni por edad, 73 años, ni por duración del cargo, que concluía en 2021.

El papa le ha dado a Filoni el cargo más honorífico que sustancial de Gran Maestro de la Orden Ecuestre del Santo Sepulcro de Jerusalén. La escasa estima que Francisco nutre por Filoni puede atribuirse a la cercanía del cardenal con el Camino neocatecumenal, un movimiento por el que el papa siente claramente alergia, o también por las reservas que Filoni expresó en dos entrevistas, una a “L’Osservatore Romano” y otra a Vatican News, sobre el acuerdo secreto, muy deseado por el papa, estipulado el 22 de septiembre de 2018 entre la Santa Sede y China.

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A estos dos actos hay que añadir, además, siempre teniendo como imagen de fondo un futuro cónclave, el creciente fastidio expresado por Francisco ante la resistencia ofrecida por el actual presidente de la conferencia episcopal italiana, el cardenal Gualtiero Bassetti, ante la idea -muy amada en cambio por el papa- de convocar un sínodo de la Iglesia italiana.

La última señal de este fastidio lo tenemos en las palabras improvisadas por Francisco el 6 de diciembre a los jesuitas de la revista “Aggiornamenti Sociali”. Al dar las gracias en especial al anciano padre Bartolomeo Sorge, el papa dijo haber "leído hace poco algo de una tal claridad que ha hecho temblar, no sólo a la política italiana, sino también seguramente a la Iglesia italiana”.

A qué se refería el papa, no quedó claro. Quien resolvió el arcano fue, al cabo de unos minutos, un tuit del padre Antonio Spadaro, director de “La Civiltà Cattolica” e íntimo de Bergoglio, haciendo referencia a un artículo de apertura del cuaderno del 21 de septiembre de 2019 de su revista, escrito por Sorge y titulado: “Un ‘probabile’ Sinodo della Chiesa italiana? Dal I Convegno ecclesiale del 1976 a oggi” ["¿Un 'probable' sínodo de la Iglesia italiana? Desde el I Congreso eclesial de 1976 a hoy"].

El artículo peroraba la urgencia de retomar en Italia el “camino interrumpido” en el lejano 1976 convocando, por fin, ese sínodo nacional que el papa Francisco quiere a toda costa -contrariamente al deseo de sus predecesores-, pero al que la conferencia episcopal italiana sigue haciendo oídos sordos.

La consecuencia es que la presidencia, de nombramiento papal, del cardenal Bassetti está cada vez más en peligro. Su quinquenio termina en 2022.  Pero el cardenal también está a punto de cumplir los 78 años, tres más del umbral de los 75 años; sólo si el papa lo permite, un obispo puede permanecer en el cargo superada esta edad.

¿Y a quién pondría Francesco como cabeza de la CEI en sustitución de Bassetti? Es fácil prever que será el actual arzobispo de Bolonia, el cardenal Matteo Zuppi (en la foto).

Entonces, el pensamiento vuelve de nuevo al futuro cónclave. Que hoy ve en liza a por lo menos seis candidatos, de los cuales sólo uno parece tener alguna posibilidad de ser elegido.

MARC OUELLET, CHRISTOPH SCHÖNBORN

Dos de los seis candidatos ya estaban en liza en los cónclaves anteriores.

Marc Ouellet, 75 años, canadiense, prefecto de la congregación para los obispos, fue uno de los más votados en los dos primeros escrutinios del cónclave de 2013, antes de ser superado por Bergoglio. Hoy tiene fama de fidelidad al papa reinante, pero también de defensor de la ortodoxia.

Christoph Schönborn, 74 años, austriaco, fue en cambio más votado por los medios de comunicación que dentro de la Capilla Sixtina. También él se ha construido durante este pontificado un perfil de hábil tejedor de acuerdos entre moderados y progresistas, sobre todo en los dos turbulentos sínodos sobre la familia.

Ambos, por lo tanto, podrían ser votados por un arco bastante transversal de los cardenales electores.

Sin embargo, tanto el uno como el otro parecen estar lejos de poder recoger el elevado consenso -los dos tercios de los votos- necesario para la elección. Ambos pertenecen a una aristocracia de cardenales que han sido desplazados por el gran número, mayoritario, de los que han recibido la púrpura de manos del papa Francisco, en gran parte hombres de la periferia, desconocidos, de formación modesta y de escasa experiencia en diócesis de segundo nivel, más fácilmente influenciables por las pequeñas y aguerridas lobbies que por los elevados discursos de los cardenales de una generación pasada, incluso de algunos alumnos poco fieles, como el joven Schönborn, de Joseph Ratzinger cuando era profesor de teología.

ROBERT SARAH

Más claro, en cambio, es el perfil del cardenal Robert Sarah, 74 años, de Guinea y prefecto desde 2014 de la congregación para el culto divino. Con él la historia de la Iglesia tiene al primer verdadero candidato precedente del África negra.

Su biografía es de todo respeto. Indómito testigo de la fe católica bajo el sanguinario régimen marxista de Sekou Touré, no fue ajusticiado gracias a la muerte repentina del tirano en 1984. Creció en la savana africana, pero estudió en Francia y Jerusalén. Fue ordenado obispo con solo 33 años por Pablo VI; Juan Pablo II lo llamó a Roma, donde lo mantuvo Benedicto XVI, con el que el acuerdo sigue siendo hoy en día total.

Han sido tres libros, traducidos en diversos idiomas, los que han dado a conocer a Sarah al mundo: “Dios o nada”, de 2015;  “La fuerza del silencio”, de 2017 y  “Si hace tarde y anochece”, de 2019. Hay un abismo entre su visión de la misión de la Iglesia y la del papa jesuita, tanto en los contenidos como en el estilo. Para Sarah, como para Ratzinger, la prioridad absoluta es llevar a Dios al corazón de la civilización, sobre todo donde su presencia haya sido mayormente ofuscada.

Para los opositores del papa Francisco, en nombre de la gran tradición de la Iglesia Sarah es el candidato ideal. Pero en un colegio cardenalicio donde la mitad de los nombramientos son de Bergoglio, es impensable que se acerque a los dos tercios de los votos necesarios para la elección. Obtendría como mucho un par de decenas de votos en el primer escrutinio, de carácter demostrativo.

PIETRO PAROLIN

En cambio, la candidatura del cardenal Pietro Parolin, 64 años, italiano de la diócesis de Vicenza, secretario de Estado desde 2013, no es simbólica sino real.

Hay que remontarse al cónclave de 1963 para encontrar elegido como papa, con Pablo VI, a un eclesiástico crecido en el corazón de la curia vaticana y con reconocida capacidad de gobierno, después de un pontificado, el de Juan XXIII, que había puesto en marcha un concilio que estaba, entonces, en plena tempestad y que aún no había producido un solo documento. Pablo VI tuvo éxito en la empresa, aunque acabó inmerecidamente en el libro negro de los acusados de traicionar las revoluciones.

Hoy, la empresa que un cierto número de cardenales confiaría a Parolin sería la de devolver a su rumbo la nave de la Iglesia, actualmente en medio de la tempestad creada por el papa Francisco, corrigiendo sus derivas sin traicionar el espíritu. En él algunos ven aunados el temple del diplomático y el perfil del pastor, como el propio Parolin intenta demostrar alternando la tarea de secretario de Estado con la del pastor que cura la almas, en una agenda impresionante llena de misas, homilías, conferencia, viajes, visitas y encuentros.

Sin embargo, hay que decir que desde hace por lo menos un año los consensos sobre una candidatura de Parolin no sólo no aumentan, sino que disminuyen. Como prueba de los hechos, su capacidad de contener y equilibrar el estado de confusión introducido en la Iglesia por el pontificado de Francisco es juzgada demasiado modesta. Y también como diplomático se le reconocen más fracasos que éxitos. China juega contra él, como una apuesta perdida.

LUIS ANTONIO GOKIM TAGLE

Suben, en cambio, las posibilidades del cardenal Luis Antonio Gokim Tagle, filipino de madre china y con estudios de teología e historia de la Iglesia en Estados Unidos.

Tagle es el delfín del papa Francisco, el sucesor que él lleva “in pectore”. Al llamarle para presidir “Propaganda Fide”, le ha confiado el gobierno de parte de América Latina, de casi toda África, de casi toda Asia excluidas las Filipinas, y de Oceanía con excepción de Australia; es decir, precisamente de esa inmensa periferia que tanto ama Bergoglio.

Ya anteriormente Francisco había dado pasos para reforzar el perfil internacional de este pupilo suyo. Le nombró presidente del sínodo sobre la familia. Y en abril de 2016, apenas publicada la exhortación "Amoris laetitia" con la que el papa daba el vía libre a los divorciados que se han vuelto a casar, Tagle fue el primer obispo del mundo en dar la interpretación más extensiva.

A quien objetó que el magisterio líquido del papa Francisco hacía surgir más dudas que certezas, su repuesta fue que "es bueno estar confundidos de vez en cuando, porque si las cosas están siempre claras ya no sería la vida verdadera".

Acerca del recorrido de la Iglesia en los tiempos actuales, Tagle tiene sin embargo, una idea clarísima: con el Concilio Vaticano II la Iglesia ha roto con el pasado y ha marcado un nuevo inicio. Es la tesis historiográfica de la llamada "escuela de Bolonia", fundada por don Giuseppe Dossetti y hoy guiada por el profesor Alberto Melloni y de la que Tagle forma parte. De hecho, firmó uno de los capítulos clave de la historia del Concilio más leída del mundo -la realizada, de hecho, por la “escuela de Bolonia”- a saber: el capítulo sobre la "semana negra" del otoño de 1964. Una interpretación que está en las antípodas de la interpretación que del mismo Concilio dio Benedicto XVI que, magnánimo, le hizo cardenal en 2012.

Cuando concluyó el sínodo para los jóvenes, en 2018, Tagle fue el primer elegido para Asia en el consejo preparatorio del sínodo sucesivo, señal del amplio consenso que recogía. Francisco, además, le confió la relación de introducción en la cumbre de los abusos sexuales que tuvo lugar en el Vaticano en enero de este año, otro evento de resonancia mundial.

Sin embargo, no se puede dar en absoluto por descontado que Tagle sea elegido papa. Demasiado cercano a Bergoglio para no acabar triturado por la irritación que ha causado este pontificado, y que será claramente evidente en un futuro cónclave. Además, está el obstáculo de la edad: Tagle tiene 62 años y, por tanto, podría reinar durante mucho tiempo, demasiado para que nadie ose apostar por él.

MATTEO ZUPPI

También Matteo Zuppi fue elegido en el consejo post-sinodal de 2018. Signo de un perfil internacional consolidado, a pesar de que era obispo de Bolonia desde hacía sólo tres años y aún no había recibido la púrpura cardenalicia, que le llegó el 5 de octubre de este año.

Hace tiempo que un aspecto principal de su biografía le ha dado notoriedad y prestigio. No tanto ser el bisnieto de un cardenal, Carlo Confalonieri (1893-1986), que fue secretario del papa Pío XI, como ser el cofundador de la Comunidad de Sant'Egidio, indiscutiblemente el lobby católico más poderoso, influyente y omnipresente a nivel mundial de los últimos decenios.

Como asistente eclesiástico general de la Comunidad de Sant'Egidio y párroco hasta 2010 de la basílica romana de Santa María "in Trastevere", además de obispo auxiliar de Roma desde 2010, Zuppi ha estado en el centro de una red incomparable de personas y eventos a escala planetaria, tanto religiosa como geopolítica: desde los acuerdos de paz en Mozambique de los años 1990-1992 al actual apoyo al acuerdo secreto entre la Santa Sede y China; desde los encuentros interreligiosos de Asís a los “pasillos humanitarios” para los inmigrantes que llegan a Europa procedentes de África y Asia.

Con gran habilidad, la Comunidad de Sant'Egidio también ha sabido adaptarse perfectamente a las líneas de gobierno de cada uno de los últimos pontífices, desde Juan Pablo II a Benedicto XVI y Francisco. Pero ha sido con este último con el que ha alcanzado el apogeo, con Vincenzo Paglia guiando los institutos vaticanos para la vida y la familia, Matteo Bruni la sala de prensa y, sobre todo, con el cardenal Zuppi como arzobispo de Bolonia y camino de convertirse en el presidente de la conferencia episcopal italiana.

De aquí a su elección como papa el proceder no está garantizado, pero forma parte del orden de las cosas. Sobre todo con un colegio de cardenales electores desordenado, de opiniones inciertas y fácilmente influenciable por mano de un lobby, ya no cardenalicio como era la legendaria “mafia” de San Galo que propició la elección de Bergoglio, sino seguramente más influyente y determinante y que lleva el nombre de Comunidad de Sant'Egidio.

Sobre Zuppi ya se ha preparado un documental titulado: "El Evangelio según Matteo Z.". Y este es el trailer sobre el que, tal vez, sea el próximo papa:

> Zuppi, il vescovo di strada