El silencio de Francisco, las lágrimas de Ratzinger y su declaración nunca publicada

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Autor: Sandro MAGISTER, periodista

Lo que más impacta en la exhortación apostólica postsinodal “Querida Amazonia”, dada a conocer al público hoy, 12 de febrero del 2020, es su silencio total sobre la cuestión más esperada y controvertida: la ordenación de varones casados.

Ni siquiera aparece la palabra “celibato”. El papa Francisco espera que “la ministerialidad se configure de tal manera que esté al servicio de una mayor frecuencia de la celebración de la Eucaristía, aun en las comunidades más remotas y escondidas” (n. 86). Pero reafirma (en el n. 88) que solamente el sacerdote ordenado puede celebrar la Eucaristía, absolver los pecados y administrar la Unción de los enfermos (porque también ésta está “íntimamente ligada al perdón de los pecados”, nota 129). Y no dice nada sobre la extensión de la ordenación a los “viri probati”.

Ninguna novedad ni siquiera para los ministerios femeninos. “Si se les diera acceso al Orden sagrado”, escribe Francisco en el n. 100, “esta mirada nos orientaría a clericalizar a las mujeres” y a “reducir nuestra comprensión de la Iglesia a estructuras funcionales”.

La curiosidad que surge inmediata, de la lectura de “Querida Amazonia”, es entonces entender en qué medida el libro bomba escrito por el Papa emérito Benedicto XVI y por el cardenal Robert Sarah en defensa del celibato del clero, publicado a mediados de enero, ha influido sobre la exhortación y, en particular, su silencio respecto a la ordenación de varones casados.

A esta cuestión debe agregarse más información de la que ya se conoce, sobre lo que sucedió en los días calientes posteriores a la publicación del libro.

La secuencia ya conocida de los hechos ha sido documentada en su momento por Settimo Cielo en los tres “Post Scriptum” que están al final del artículo publicado el 13 de enero:

Pero desde más fuentes independientes entre sí Settimo Cielo tuvo posteriormente noticias de al menos cuatro hechos más, de relevante importancia.

El primero aconteció en la mañana del miércoles 15 de enero.

A lo largo de toda la jornada del martes 14 el ataque llevado a cabo por las corrientes radicales contra Ratzinger y Sarah había tenido un incremento devastador, alimentado de hecho por las reiteradas desmentidas del prefecto de la Casa Pontificia, el arzobispo Georg Gänswein, de una corresponsabilidad del Papa emérito en la redacción y en la publicación del libro, hasta llegar a pedir que se retirara su firma, inútilmente confrontada por la precisa y documentada reconstrucción, hecha pública por el cardenal Sarah, de la génesis del libro mismo por acción concordada de sus dos coautores.

Ahora bien, la mañana del miércoles 15 de enero, mientras el papa Francisco estaba celebrando su audiencia general semanal y Gänswein estaba sentado, tal como está establecido protocolarmente, a su lado en el aula Pablo VI, lejos entonces del monasterio Mater Ecclesiae, que es la residencia del Papa emérito de quien él es secretario, Benedicto XVI levantó personalmente el teléfono y llamó a Sarah, primero a su casa, donde no lo encontró, y después a su oficina, donde el cardenal respondió.

Benedicto XVI expresó cordialmente a Sarah su solidaridad. Le confió que no llegaba a comprender las razones de una agresión tan violenta e injusta. Y lloró. También lloró Sarah. La llamada telefónica concluyó con los dos en lágrimas.

El segundo hecho que se da a conocer aquí por primera vez aconteció durante el encuentro entre Sarah y Ratzinger, en la residencia de este último, la tarde del viernes 17 de enero.

Esa misma tarde, el cardenal se refirió a lo sucedido en tres twitts, en los que confirmaba la plena concordia entre él y el Papa emérito en la publicación del libro.

Pero no dijo que durante ese mismo encuentro – en realidad desarrollado en dos momentos distintos, el primero a las 17 horas y el segundo a las 19 horas – Benedicto XVI había escrito un conciso comunicado que pretendía hacer público con la firma sola del Papa emérito, para testimoniar la consonancia plena entre los dos coautores del libro e invocar el cese de toda polémica.

A los fines de la publicación, Gänswein entregó la declaración – de la Settimo Cielo está en posesión y en la que el rasgo personal, incluso autobiográfico, de Ratzinger se trasluce en forma evidente – al sustituto secretario de Estado, Edgar Peña Parra. Y es razonable suponer que éste informó de ella tanto a su superior directo, el cardenal Pietro Parolin, como al mismo papa Francisco.

Es un hecho – y es la tercera noticia hasta aquí inédita – que esta declaración del Papa emérito jamás salió a la luz. Pero es verosímil que ha estado en el origen de la decisión de Francisco de exonerar de allí en más de toda presencia visible a su propio lado al prefecto de la Casa Pontificia, Georg Gänswein.

La última de estas apariciones públicas se evidencia en la mañana de ese mismo viernes 17 de enero, en ocasión de la visita al Vaticano del presidente de la República Democrática del Congo. Después de lo cual Gänswein no apareció más junto al Papa, ni en las audiencias generales de los miércoles, ni en las visitas oficiales del vicepresidente estadounidense Mike Pence, del presidente iraquí Barham Salih y del argentino Alberto Fernández.

A los ojos del papa Francisco la declaración de Benedicto XVI había efectivamente comprobado la no confiabilidad de las reiteradas negaciones hechas por Gänswein de la corresponsabilidad del Papa emérito en la composición del libro.

En otras palabras, la oposición del Papa emérito a que su sucesor cediese a las corrientes radicales respecto al celibato del clero se destacaba plenamente en este punto, sin ninguna atenuación más.

Y todo esto a pocos días de la publicación de la exhortación postsinodal, en la que muchos, en todo el mundo, esperaban leer una apertura de Francisco a la ordenación de varones casados.

Como corolario de todo esto, se dio a conocer también el rol que cumplió el cardenal Parolin en estos acontecimientos.

Cuando efectivamente el miércoles 22 de enero el editor Cantagalli publicó un comunicado respecto a la inminente aparición del libro en Italia, con poquísimas y marginales variaciones respecto al original francés, no se dijo que ese comunicado había sido anteriormente visto y analizado línea por línea por el cardenal secretario de Estado, quien había finalmente alentado vivamente la publicación.

Un comunicado en el que el libro de Ratzinger y Sarah es definido como “un volumen de elevado valor teológico, bíblico, espiritual y humano, garantizado por el peso de los autores y por su voluntad de poner a disposición de todos el fruto de sus respectivas reflexiones, manifestando su amor por la Iglesia, por Su Santidad el papa Francisco y por toda la humanidad”.