Pedir sin insultar

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Autor: Santiago MARTÍN, sacerdote FM

El mundo continúa sometido al imperio del coronavirus que, como un dictador sangriento, sigue cobrándose vidas inocentes. La Iglesia, que vive en el mundo, aunque no debería ser del mundo, adopta distintas normas, según el país y la gravedad de la epidemia. El Vaticano, consciente de que muchos moribundos no podrán confesarse porque los sacerdotes no tienen acceso a ellos debido al aislamiento en que viven los enfermos, ha concedido la absolución y la indulgencia plenaria a todos los que mueran sinceramente arrepentidos de sus pecados. Además, ha pedido a los obispos que permitan el acceso de los fieles a la Misa, en especial a los Oficios de Semana Santa, pero siempre respetando las normas de seguridad que imponen los diferentes Gobiernos.

Así las cosas, conviene aclarar algunos puntos. En primer lugar, que según el Papa los obispos no pueden ser más estrictos que la autoridad política en cada caso. No se pueden vulnerar las normas sanitarias, pero se deben hacer aquellas cosas que esté permitido hacer. Eso exige, por parte de los Episcopados, solicitar aclaraciones a las autoridades competentes -en Italia lo han hecho ya- e incluso que se pueda expedir un certificado que permita acudir a los templos, siempre, insisto, respetando las exigencias que imponen las autoridades sanitarias. Para un católico es tan importante o incluso más poder ir a Misa y comulgar que ir al supermercado. Quizá no todos los templos estén preparados para acoger a los fieles de forma que se mantengan las distancias de seguridad, o no todos los sacerdotes estén en condiciones de hacerlo, pero habría que permitir que donde sea posible se celebre el culto con público, y que eso no sea considerado un delito. Quiero insistir en lo que ya dije la semana pasada, aunque esta apertura a los fieles me parezca necesaria, tenemos que respetar las decisiones de los obispos, sin insultarles diciendo que son unos cobardes o que no tienen fe. La violencia no es nunca el camino de un seguidor de Cristo.

Por otro lado, no hay que olvidar que en general los medios de comunicación están en contra nuestra y que aprovecharán cualquier cosa para atacar a la Iglesia católica y, si pudieran, presentarla como responsable de la difusión de la epidemia. Por ejemplo, en España los medios en general se han hecho eco de que a un obispo le han detenido y multado por ir en el coche con una señora, violando la ley que impide circular salvo casos extremos; pero no han contado que la señora era una inmigrante enferma y que el obispo la llevaba al médico de urgencias; tampoco han dicho que el error del obispo no fue llevarla al médico sino ponerla en el asiento delantero. Por supuesto, poquísimos medios han recogido la noticia de que en Italia ha muerto un sacerdote que renunció a usar el respirador artificial que le habían comprado para él sus feligreses, a fin de que lo usara una persona más joven; es un caso parecido al del P.Kolbe, pero de ese acto heroico no se hacen eco las noticias. Tampoco se ha dado a conocer que son muchas las diócesis -Pamplona y Sevilla, entre ellas- que han puesto a disposición del Gobierno sus instalaciones para acoger a enfermos o a personas sin hogar. Los medios en general van a estar siempre en contra de la Iglesia y por eso hay que rezar por los obispos, para que disciernan bien sobre algo tan sagrado e importante como la participación de los fieles en los actos de la Semana Santa, y no juzgarles cuando tomen decisiones.

En cuanto a la salud del Papa Francisco y del Papa emérito Benedicto, se sabe que el segundo está encerrado en su pequeño convento de clausura dentro de los jardines vaticanos, y que el primero ha sido sometido a un test para saber si tenía el coronavirus y ha dado negativo. Esto es especialmente importante porque al menos un sacerdote que vive en la misma casa que él ha sido ingresado en un hospital por haber contraído la enfermedad.

Sigamos rezando, como han hecho, entre otros, los obispos portugueses, que han consagrado España y Portugal a los corazones de Jesús y de María. Que este tiempo de dolor sea un tiempo de gracia. Que esta Cuaresma tan terrible se convierta en la mejor Cuaresma de nuestras vidas.