San José de Arimatea

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Autor: Ana HERNÁNDEZ, periodista

No estaba en el radar de Jesús, no queda constancia de una conversación, ni un gesto, ni una mirada...ninguno de los cuatro evangelistas recogen testimonios que puedan hacernos imaginar una amistad,  o alguna cercanía de Jesús con José de Arimatea, mientras el Señor vivió.

Y sin embargo tuvo que tener José una confianza firme de que en Jesús habitaba la Verdad, porque tenía mucho que perder: rico, hombre prominente, con prestigio, esas pinceladas exteriores nos dan los evangelistas e incluso Lucas habla de él como de un hombre bueno... probablemente su buen nombre, le hace más cauteloso aún que a Nicodemo, del que se sabe que busca al Señor de noche, del que conservamos conversaciones...

Cómo llega el Señor a él? Cómo en lo secreto va ganándose su corazón?, cobijado por la multitud, medio tapado, al atardecer para no ser reconocido, entre las piedras, sin arriesgar,...oyendo la voz débil, por la lejanía que él mismo se ha autoimpuesto, a pesar de todo, en la penumbra va reconociendo las escrituras, estalla un fuego en el alma, el Reino de Dios, esa es la clave..."esperaba el Reino de Dios", y lo ve llegar, la Presencia de Dios es el Reino de Dios, y se pregunta yo hago parte del reino de Dios? con mi cobardía, mi miedo, mi cautela?...y Jesús le habla al corazón con un murmullo, como habla Dios siempre :eres parte del Reino porque a distancia me sigues, con miedo me sigues, ocultándote me sigues.. estás empezando a ser mi discípulo, anónimo para el mundo, pero no para Mi, tu corazón comprende, cuando yo explico las escrituras que tan bien conoces.

Desde su posición ya no importa tanto quién es o quién cree que es, importa lo que está mirando, importa el profundo misterio que va dejándose entrever, y el Señor va trabajando en ese amigo que no se atreve, le regala el don de la fe, en lo oculto, en el misterio de ese Dios misericordioso que nos entiende y conoce mejor que nosotros mismos, y va el Espíritu Santo clareando sus penumbras,  y envalentonándolo hasta el punto de llegar al Sanedrín y defender a Jesús porque cree en Él porque lo conoce y se sabe conocido por El, y no le importa quedar expuesto, deja de importar lo que antes importaba, la reputación, el prestigio, la fama de hombre justo, con todos en contra, el arriesga por todo lo que no arriesgó antes, y sabe que esto no termina bien, no hay ninguna posibilidad de éxito por eso corre a comprar una sábana nueva y a prepararse para lo que anunciaron los profetas, y ante Pilato confiesa su fe porque ese cuerpo roto quiere recibirlo en sus manos, y dice el evangelista que José lo bajó de la cruz, ese abrazo que ha puesto ante sus ojos a Jesús crucificado disipa todo lo demás, ya nada importa y él se queda sólo con el Salvador de todos, sosteniendo en sus brazos la alianza de Dios con la humanidad para siempre.

Este es el único y gran encuentro que nos consta, y nos habla de intimidad, de amistad arrebatada, profunda, agradecimiento sin medida...José recoge el cuerpo de Cristo con la misma misteriosa grandeza con la que cada día, podremos de nuevo, recibir nosotros, el Pan Eucarístico.