María, poder y gloria

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Autor: Santiago MARTÍN, sacerdote FM

La noticia de esta semana ha sido la salida del Papa emérito del Vaticano para ir a Alemania, a Ratisbona, a acompañar a su hermano Georg, que está a punto de morir. Georg, que también es sacerdote, es tres años mayor que Benedicto y es el único familiar cercano que le queda. El Papa emérito se quedará en Alemania hasta que muera su hermano. Mientras sea posible, celebrará la Santa Misa junto a la cama del moribundo, como ha hecho desde que ha llegado. El viaje se ha llevado a cabo con el permiso del Papa Francisco.

Es el primer viaje internacional que hace Benedicto XVI desde su renuncia y, aunque el motivo es bien claro y justificado, ha dado pie a algunas hipótesis. La visita coincide con el Sínodo alemán, en una semana, además, en que las dirigentes de la asociación católica de mujeres alemanas, que cuenta con medio millón de miembros, han reclamado de nuevo el acceso al sacerdocio y al episcopado, diciendo claramente que lo piden porque quieren tener poder. Eso es lo bueno de los alemanes, que llaman a las cosas por su nombre y que van directamente a lograr sus objetivos. Quieren tener poder y, como para lograrlo necesitan acceder al sacerdocio, lo reclaman para ellas.

No sé si el Papa emérito aprovechará su estancia en Alemania para organizar a la maltrecha oposición al Sínodo. La verdad es que las fotos que se han filtrado le muestran tan agotado que no parece estar para muchas batallas, al menos físicamente. Y no sé si a las reivindicativas mujeres alemanas les servirán de algo los argumentos que, estoy seguro, ya les han dado los pocos obispos de ese país que han alertado sobre la protestantización de la Iglesia si se sigue el camino emprendido.

Por desgracia creo que es inútil todo tipo de diálogo con los entusiastas destructores de lo que queda del catolicismo en Alemania. Pero si pudiera servir para algo, les aconsejaría que leyeran “El poder y la gloria” de Graham Greene. Escrita en 1940 y ambientada en Tabasco tres años después de que en ese Estado mexicano hubiera terminado la represión contra los cristianos, muestra cuál es el verdadero poder de un sacerdote: no el de mandar, sino el de entregar su vida por amor. El poder de ese sacerdote alcohólico y pecador, pero fiel a su misión evangelizadora, no existe delante del pelotón de fusilamiento que le mata; sin embargo, ahí empieza precisamente su gloria. El amor que le lleva a aceptar la muerte, le abre las puertas del cielo. ¿Les interesa a estas aspirantes a papisas -dado que ahí está concentrado el supremo poder- dar la vida por Cristo? ¿Estarían dispuestas al martirio por amor al Señor, o sólo quieren vestirse las casullas y ponerse los anillos y las mitras?

No es raro que estos colectivos feministas y los que las apoyan no hablen nunca de la Santísima Virgen. No es su modelo. Más bien es su anti modelo. Nunca intrigó ante su Hijo para que le diera a ella el poder que daba a San Pedro y nunca encabezó una revuelta con los Zebedeos, por ejemplo, para hacerse con el poder. Y, sin embargo, nadie como ella tuvo el verdadero poder: el de conseguir milagros de su Hijo, que la obedeció al instante en Caná de Galilea. Nadie como María tiene la gloria de haber sido la Madre de Jesús porque aceptó ser la esclava del Señor. A las aspirantes a mandar les salen salpullidos cuando oyen eso de “aquí está la esclava del Señor”, pero es que no entienden que, como en el sacerdote del libro de Greene, el verdadero poder lo tiene el que sirve, el que ama, y que la verdadera gloria la alcanza aquel que, como Cristo, se arrodilla a los pies de los hombres para lavárselos de la basura dejada por sus pecados.

Que el Inmaculado Corazón de María triunfe, incluso en aquellos -hombres o mujeres- que quieren ser sacerdotes para poder mandar y no para poder servir. Que el ejemplo de este santo viviente que es el Papa Benedicto, que pone en riesgo su frágil vida para estar al lado de su hermano moribundo, les muestre cuál es el verdadero rostro y la verdadera misión del sacerdote.