De nuevo, la amenaza de cisma

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Autor: Santiago MARTÍN, sacerdote FM

Sin duda que la noticia de la semana ha sido la dimisión de monseñor Becciu como prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos y su renuncia al cardenalato. Aunque parece ser que la causa es su posible responsabilidad en la compra de los apartamentos de Londres, creo que, en este caso como en otros, hay que dar a la persona implicada la presunción de inocencia hasta que no haya un juicio, si es que lo hay.

Pero esta tremenda noticia no debe ocultar otras cosas muy importantes que han pasado esta semana. La más relevante, sin duda, ha sido la publicación por la Congregación para la Doctrina de la Fe de un documento sobre la eutanasia. La condena es total, sin medias tintas ni asomo de ambigüedad. “Samaritanus bonus”, que es como se llama el documento, deja claro que no se puede colaborar con la eutanasia y que comete un pecado mortal quien lo haga. También lo comete el legislador que participa en la aprobación de esa ley. Niega que los legisladores tengan el poder para aprobar ese tipo de leyes. Como ya es tradicional en la moral católica, rechaza el llamado “ensañamiento terapéutico”, que consiste en prolongar artificialmente la vida del enfermo a costa de un sufrimiento para el mismo. Reclama que a los enfermos no se les niegue ni la hidratación ni la alimentación y prohíbe administrar los sacramentos a los que han pedido el suicidio asistido. Además, advierte del riesgo de utilizar el diagnóstico prenatal para abortar a los bebés que vienen con algún tipo de síndrome.

Doctrina de la Fe también ha intervenido en otra cuestión, la de la liturgia mixta católico-luterana, que se está organizando en Alemania, en el marco del Sínodo que se celebra en ese país, y que prevé que los luteranos puedan comulgar el Cuerpo y la Sangre de Cristo. El Vaticano prohíbe tajantemente el acceso de los protestantes a la Eucaristía y pide que no se siga adelante con el proyecto, que ya había sido anunciado públicamente por el presidente de los obispos alemanes. Éste ha respondido diciendo que estudiarán la prohibición que ha llegado de Roma y que luego verán lo que hacen.

Los alemanes no son los únicos en plantearse la ruptura con Roma, como denuncia el cardenal Woelki de Colonia, que lleva ya tiempo advirtiendo que se va a un cisma equivalente al de Lutero. Esta semana, el obispo auxiliar de Basilea ha negado que el Papa tenga el poder para rechazar el sacerdocio femenino y ha reclamado un Concilio que se pronuncie sobre este tema. De lo contrario, ha dicho, se producirá un cisma. Lo mismo dijo hace meses el obispo de Essen, que además advirtió que si no se les daba lo que querían, el cisma sería mucho más grande que el d e Lutero porque tendría alcance mundial, ya que toda la Iglesia progresista lo secundaría.

Esta terrible palabra, “cisma”, aparece una y otra vez en las declaraciones de unos y de otros. Unos porque lo temen y otros porque amenazan con ejecutarlo si no se hace lo que ellos quieren. Como niños caprichosos, que dicen que se van a ir de casa si los padres no les consienten todo. Mientras los escándalos, de sexo o de dinero, nos salpican, algunos hacen avanzar su agenda para dividir y destruir la Iglesia. Hay que mantenerse firmes en la fe que nos transmitieron nuestros mayores, la fe de la Iglesia, que incluye la certeza de que las puertas del infierno no prevalecerán. Recemos y confiemos en la Divina Misericordia. Ahí encontramos nuestra paz y nuestra esperanza.