Vencer el mal a fuerza de bien

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Autor: Santiago MARTÍN, sacerdote FM

Esta semana hemos celebrado la fiesta litúrgica de Santa Teresa de Jesús, Teresa la Grande, fundadora en tiempos revueltos y doctora de la Iglesia sin tener ningún doctorado en Teología. Santa Teresa nos invitaba y nos sigue invitando a confiar en Dios, a esperar contra toda humana esperanza, a que nada nos turbe y nada nos espante. Y eso hay que practicarlo sobre todo, usando términos suyos, cuando los tiempos son recios, porque es en esos tiempos cuando hacen falta los “amigos fuertes de Dios”.

Los tiempos son recios ahora, ciertamente. No sólo no faltan, sino que abundan los motivos de grandes preocupaciones. Por poner sólo un ejemplo: el Vaticano acaba de acuñar una moneda de diez euros en conmemoración del 50 aniversario del Día Mundial de la Tierra. Es normal que se emitan estas monedas para coleccionistas dedicándolas a diversas efemérides. Lo que no es normal es que la efigie elegida para la moneda sea la de una indígena que recuerda a la Pachamama que fue tratada en el Vaticano con signos externos de adoración, y que la fecha elegida para poner en circulación la moneda sea precisamente el 16 de octubre, cuando se cumple un año de aquel gesto que escandalizó a millones de católicos y que dio munición abundante a las sectas para acusar de paganismo a la Iglesia católica. Es posible e incluso probable que el Papa no haya sido informado ni de la imagen que llevaba la moneda ni de la fecha de su emisión. Muchas otras cosas pasan en el Vaticano sin que él se entere, como demuestran los escándalos económicos de los que informan los periódicos cada día, incluido el dinero que desapareció de su cuenta corriente personal.

En esta situación no sólo resulta imprescindible recordar a Santa Teresa, sino que también es necesario escuchar a San Pablo. En Romanos 12,21, el apóstol pide “vencer el mal a fuerza de bien”. Y en esa misma carta, en 5,20, nos recuerda que “donde abundó el pecado sobreabundó la gracia”. No debemos dejarnos aplastar por el mal, ni permitir que nos sea robada la esperanza. Hay que vencer el mal a fuerza de bien. Por eso he puesto en marcha, con los Franciscanos de María, un proyecto para consagrarnos a los Sagrados Corazones de Jesús y de María, a Jesús con María y como María, para sacudirnos el pesimismo, el derrotismo, el abatimiento. Monseñor Schneider decía esta semana que la Iglesia vive un “colapso espiritual”, sobre todo en sus pastores. Salgamos de este colapso. Unamos fuerzas para ofrecerle al Señor muchos, miles de personas que se consagren a Él y a su Santísima Madre, que se ofrezcan a ellos para hacer su voluntad. Demostraremos así que la Iglesia no está muerta y que el sufrimiento que se vive en ella es equivalente al de María en el Viernes Santo; Ella no perdió la fe, mientras esperaba la hora en que su Hijo venciera a la muerte, en el domingo de Pascua. Hay que levantarse de la postración, confiando en la fuerza de la gracia y en que Dios no ha abandonado a su pueblo. Venzamos el mal a fuerza de bien.