El ‘lobby’ gay

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En la Curia hay gente santa, de verdad, hay gente santa. Pero también hay una corriente de corrupción, también la hay, es verdad. Se habla del lobby gay, y es verdad, está ahí”. Dicen que dijo el Papa Francisco. Lo relevante no me parece la literalidad de lo dicho, me centraría más en lo que se puede interpretar.

 

Lo primero es lo importante. Siempre. En la Curia hay gente santa. No dice buena, que sin duda la habrá y serán mayoría. No dice competente, algo sobradamente demostrado. No, habla de santidad. Decimos de alguien que es santo en vida, cuando su vida es intachable, pero además luce virtudes en grado extraordinario como la bondad, la paciencia, la empatía... Y después de todo el lodo que se ha vertido sobre la Curia, viene el nuevo Papa, de fuera, de lejos, sin especiales servidumbres y nos dice algo así como "¡ey! Llevais tiempo escuchando barbaridades de un grupo de gente grande entre la que se dan muchos casos de tales virtudes que los considero santos. Por ello, y sin que una reforma de la estructura no deba ser acometida, sabed que vivo rodeado y asistido por gente maravillosa."

Lo malo viene con la segunda parte. Dicho lo importante, ese aviso a los católicos de que el Papa dispone de un grupo de gente extraordinaria, no nos niega una verdad dolorosa. Como toda estructura humana, pese a la asistencia divina, en la Iglesia, y en concreto en la Curia, no falta la corrupción. Los intereses mundanos inevitables existen y quizá incluso abunden (en términos eclesiales un poco de pecado ya podría ser considerado mucho). Los escándalos abundantísimos premodernos de simonía y vida licenciosa no son cosa del pasado. Y para mayor dolor se puede hablar en propiedad de un "lobby" gay.

Que exista un loby gay es peor por lo de lobby corrupto que por lo de gay. Es cierto que la Iglesia hace bandera de la lucha por la familia ante el fuerte envite al que se ve sometido en occidente a raiz de la extensión de la idea de normalidad de las relaciones homosexuales y sobre todo ante la legalización de relaciones denominadas matrimoniales entre personas del mismo sexo. Que esta lucha incruenta y necesaria le esté costando ante un sector determinado de la sociedad un desgaste tan fuerte, y debamos sufrir el descrédito de tener entre las filas de los dirigentes a un grupo de hipócritas que predican lo que no hacen, es un mal importante. Pero este lobby tiene mayor relevancia negativa como lobby propiamente, de personas que se sienten afectas por sus debilidades y pecados y que se unen para entorpecer el desarrollo armonioso de la vida eclesial, y que por sus propios pecados y por sus deseos de no perder los privilegios que hayan logrado atesorar, son susceptibles de ser extorsionados. Se convierten así doblemente en esclavos: de sus pasiones y afectos desordenados (sea la lujuria o la codicia u otros) y de aquellos conocedores de sus secretos.

La confirmación de que dichos lobbys existen y porque existen actúan, nos debe mover a la compasión por aquellos pecadores, a la oración por ellos, por el Papa para que su labor no sea obstaculizada gravemente y por aquellos santos colaboradores, para que no se desvíen de sus rectas vidas.