Colegio Católico

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Para eso no está de más volver a hacerse la pregunta fundamental: ¿para qué educamos? ¿Por qué la Iglesia, las comunidades cristianas, invierten tiempo, bienes y energías en una tarea que no es directamente “religiosa”? ¿Por qué tenemos escuelas, y no peluquerías, veterinarias o agencias de turismo? ¿Acaso por negocio? Habrá quienes así lo piensen, pero la realidad de muchas de nuestras escuelas desmiente esa afirmación. ¿Será por ejercer una influencia en la sociedad, influencia de la cual luego esperamos algún provecho? Es posible que algunas escuelas ofrezcan ese “producto” a sus “clientes”: contactos, ambiente, “excelencia”. Pero tampoco es ése el sentido por el cual el imperativo ético y evangélico nos lleva a prestar este servicio. El único motivo por el cual tenemos algo que hacer en el campo de la educación es la esperanza en una humanidad nueva, en otro mundo posible. Es la esperanza que brota de la sabiduría cristiana, que en el Resucitado nos revela la estatura divina a la cual estamos llamados.

Mensaje del cardenal Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires
a las Comunidades Educativas
21 de abril de 2004

 

 

Mi esposa es maestra de educación infantil. Maneja niños entre 3 y 6 años. Tiernos y absorbentes como esponjas. Ven en su maestra (no sólo en mi esposa) un referente paralelo a sus progenitores, igual de importante. Pero los niños no son tontos y saben que la maestra no es sustituto del padre, es un complemento. Le enseña cosas de la vida útiles, pero no iguales a las que aprende en casa. Afortunadamente, el colegio no sustituye al hogar.

Durante las tutorías trimestrales con los padres de los niños, muchos le explican a mi esposa los planes que están pergeñando para sus hijos (casi habría que decir contra sus hijos). Apuntarles los sábados a inglés o algún otro idioma y que pasen toda la mañana aprendiendo, es el más repetido. Mi esposa no se lo aconseja. Les aclara que tiempo tendrán para aprender esas cosas relevantes (y además están en la edad propicia para aprenderlas mejor) pero que hay cosas más importantes. Ahora es el momento de que sus hijos aprendan ciertas virtudes que se fijan en la mente principalmente en tan tierna edad. La generosidad, el altruismo, la gentileza, la caridad, la empatía, son aprendidas sobre todo hasta los 6 años. Y esas cosas se aprenden fundamentalmente por el contacto con los padres, por el ejemplo que dan y por las enseñanzas que predican. Evidentemente el colegio deberá (y así lo hace) caminar de la mano de los padres en dicha educación, pero es labor principal de los padres dicha enseñanza y sólo se logra dedicando tiempo a los hijos. Tiempo; el que sea menester.

Y es que aunque parezca increíble los hijos apenas aprenden nada mientras esquían en las mejores pistas con sus padres. Eso no es compartir tiempo. Tampoco lo hacen cuando son soltados con libertad en el club de tenis o de golf y la familia se disgrega hasta la reunificación alimentaria. No es dedicar tiempo ir juntos al campo de fútbol cada semana, pues lo que allí se aprende no son precisamente virtudes. Todo esto está bien si se hace muy de vez en cuando. Dedicar tiempo significa hacer cosas con los hijos que a ellos les apasione, que supongan muchas y diferentes situaciones en las que poder ver cómo deben desenvolverse; significa mancharse los pantalones de hierba y tierra, significa hacer castillos de arena, estropearse los zapatos chutando un balón, hacer mágnificas comidas en la cocinita de la niña, vestir correctamente a la muñequita y todas esas otras cosas que pudiendo aburrir a un adulto sin hijos, tienen que apasionar a un padre. ¿O es que hemos sido padres para mostrar orgullosos su curriculum cuando tenga 30 años? Un buen padre apenas lee sus novelas, su lectura son los cuentos que lee a sus hijos, un buen padre casi no ve películas... que no sean las de sus hijos (pues las pelis hay que comentarlas, resaltando las virtudes de los buenos y los defectos de los malos) un buen padre apenas ve a sus amigos, a no ser que tengan hijos de la edad y jueguen todos juntos. Un buen padre se da educando, no soltando la chequera.

Recuerden: El único motivo por el cual tenemos algo que hacer en el campo de la educación es la esperanza en una humanidad nueva, en otro mundo posible.