Texto y contexto

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El evangelio del último domingo hablaba de la fe y del grano de mostaza. Como iba acompañadod e mi mujer, no pude escoger la misa que más me gustase (a veces me limito a escoger la que menos me disgusta) y sufrí a un sacerdote de la vieja escuela. Eso en Bilbao equivale a vaticano II, los oprimidos, las entrañas de misericordia y el largo etc que todos conocemos.

 

El sacerdote, al que reconozco que suele preparar sus sermones, supo llevar (aunque un pelín forzado) el agua a su molino. Y nos contó una historia relacionada con la fe. Resulta que un sacerdote catalán (no me digan que no suena así más comprometido) marcho a Chile en la época de Pinochet. Allí encontró lo que buscaba, miserias, dramas y experiencias desagradables. Se movía en el entorno adecuado para ver-sufrir injusticias y torturas propias de cualquier dictadura. En conversación con otro sacerdote amigo catalán, afirmó que no volvería a su país, pues aunque suponía que terminaría mal, consideraba que allí su presencia lograba frenar los desmanes del régimen. Acertó, por desgracia, con su primera afirmación, no con la segunda. A cualquier régimen dictatorial un sacerdote extranjero (si al menos fuera estadounidense...) le importa bien poco, y no se "corta" a la hora de hacer tropelías. El caso es que lo mataron y se dijo que fue un accidente.

Pasado un tiempo la familia del sacerdote, pidió a aquel cura amigo con el que habalaba su hijo, marchara a Chile e investigara la muerte. Iba con dos recados. Decirle al asesino una vez hallado que estaba perdonado y solicitarle los detalles de la muerte. Al cura le costó encontrar al culpable y que este hablara. Cuando por fin lo hizo, al saber del perdón que disponía, sólo acertó a decir, que de todos los que había matado por orden del régimen el sacerdote fue el único que se giró para morir dándo la cara y diciéndole al asesino que estaba perdonado. El asesino quedó muy marcado por estas caracterísiticas (dicen que los remordimientos le llevaron al suicidio).

Esta historia es verídica, está contrastada, y es hermosamente triste. Además no venía mal con el evangelio, con el tema de la fe. Pero el sacerdote (a mi modo de ver) fue un miserable contandola el domingo. ¿Por qué? Pues por ser tendenciosamente partidista. Me explico. El día 13 de Octubre más de 500 mártires españoles (se dice rápido 500, pero es una cifra espeluznante) van a ser beatificados por la Iglesia por morir por su fe. Murieron por no renegar de lo que el sacerdote predicaba, murieron perdonando como el sacerdote quiso mostrar, y están en la Gloria, como nos dice la Iglesia. Son tan españoles como el que murió en Chile, pero se le beatifica en unos pocos días. Y el sacerdote recurre al caso del cura aquel que nadie apenas conocía, porque mejor decir que lo mató Pinochet, que hablar de los muertos por Cristo a manos de las izquierdas españolas, tan queridas probablemente al sacerdote.

Y es que algunos textos, en ciertos contextos, repelen.