El problema de la Iglesia (diocesana)

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Este domingo pasado se celebraba el domingo por la Iglesia diocesana. Aprovechaba la diócesis de Bilbao para repartir en las parroquias una octavilla con algunas cifras relevantes. Las cifras no lo dicen todo de la situación de una diócesis, pero sí nos permiten barruntar lo que ocurre y lo que no. Hay cifras de voluntariado notables que hablan de la vivacidad de la caridad en tiempos tan duros. Números de voluntarios en la pastoral de la salud interesantes y menores pero no desdeñables en el voluntariado con los presos. 1500 catequistas para 15000 niños en catequesis son buenas cifras. El laicado está vivo y aunque no sea como antaño desbordante, está muy concienciado y volcado en ls quehaceres.

Pero el caso es que la Iglesia depende FUNDAMENTALMENTE de los sacerdotes. Sin ellos no hay sacramentos y sin estos la Iglesia languidece y perece (pues los casos de la Iglesia japonesa, los recusantes ingleses y, según cuentan, ahora la Iglesia en Corea del Norte no parece manera de vivir) Así que miremos las cifras de los sacerdotes. 315 sacerdotes y 300 parroquias no parece mala cifra. Pero si resulta que 115 sacerdotes están jubilados, tenemos que 200 sacerdotes deben atender a 300 parrouias. Además de los scerdotes no jubilados, muchos están próximos a la edad de la jubilación, por lo que sólo el relevo generacional puede dar vuelco a la situación. ¿Y cómo anda el seminario? Pues tenemos 9 seminaristas. NUEVE. Se pueden tener menos, cierto, pero con 9 no se cubren las necesidades de relevo ni siquiera en la capital, Bilbao.

Agua pasada no mueve molino, qué duda cabe, pero estudiese cómo hemos llegado hasta aquí para no repetir errores tan gravísimos. Fijemonos en cómo solucionar el entuerto. El obispo lleva varios años trabajando el tema. Y le reconozco tesón y algo de éxito. Pero poco. 9 son muy pocos. Son poquísimos. ¿Por dónde debieran ir las medidas a adoptar en mi opinión?

Identificar de dónde nacen las vocaciones y trabajar en dichos semilleros vocacionales. Eso es lo primero. Yo pensaría en los colegios con mayor perfil católico. Pensaría en las cofradías de Semana Santa. Tradicionalmente los monaguillos han sido una cantera nada desdeñable. Su ausencia enla diócesis es notoria. Debiera trabajarse el tema en profundidad.

Lo segundo sería trabajar desde la infancia con cuidado la catequesis para que los formandos puedan tener abiertos los oidos a la vocación. Sin una buena formación no es posible atender la llamada del Señor. Y tenemos el tema de las catequesis infantiles hechos unos zorros. Esto es vox populi, no sólo una idea mía.

Y no podemos esperar a que mayores de edad conozcan el seminario y a los seminaristas. Puede ser ya tarde. El ruido y las luces del mundo pueden cegarlo y engañarlo y apagar la llamada del Señor que tan debilmente percibía. Los seminarios menores son una excelente manera de que los niños conozcan de primera mano la vocación de los sacerdotes y de los seminaristas mayores. Que coozcan en un ambiente adecuado las posibilidades que les ofrece una vida dedicada al Señor.