La importancia del bufón

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"Costumbre antigua de príncipes, tener cerca de sí locos para su entretenimiento. Quizá permisión de Dios, para que si los cuerdos no les dijeren las verdades, se las digan los locos para su advertimiento y para confusión de los otros". F. de Quevedo

 

Un buen gobernante siempre ha sabido que alguien debía decirle las verdades que por gusto nunca son de nuestro agrado escuchar. Pues un gobernante que vive rodeado de aduladores, cortesanos o personas con las mismas afinidades, mal sabrá que yerra cuando todos le sonríen y aplauden las decisiones. Por ello en la antigüedad, se diponía del cómico oficial, en su mayoría un lisiado, tullido o deforme, que con el permiso para decir (con gracia y salero) lo que considerase,se reía de todo y de todos, y criticaba más o menos veladamente decisiones incluso reales. Sólo se le exigía cierto buen gusto, gracejo y sentido de la proporción.

Esta semana se ha hecho oficial la sustitución del prefecto de la Signatura Apostólica (digamos que el ministerio de Justicia) el cardenal Burke, que ha sido "degradado", para ejercer las funciones meramente honoríficas que en la actualidad tiene la figura del Cardenal Patrono de la Orden de Malta. Bien hace el Papa en sustituirle si consideraba que no ejercía su labor de manera eficaz, pero siendo la principal figura de la línea puesta a lo que se supone que desea el Papa, su defenestración suena más a deseo de alejar al bufón, a Pepito Grillo, para poder actuar sin dolores de conciencia que a un sano interés porque la Signatura Apostólica funcione mejor, teniendo en cuenta que para BXVI es Burke uno de los más brillantes cardenales y para todos una figura en el derecho eclesiástico.

Pero esta interpretación mía, que comparto con gente más sabia y entendida, pudiera estar equivocada. Quiéralo así Dios y sea todo AMDG.