Tiempos recios

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"Tiempos recios" afirmaba vivir Santa Teresa de Ávila.No sabía los que viviríamos en España a no mucho tardar.Lo que no se es qué obispos tendría ella que sufrir. Aquí, con la historia de la primavera eclesial que nos ha traido el Papa Francisco, los camaleones, que siempre abundan y tratan con escaso acierto de parecerse al original, nos han salido rana.

Primer ejemplo. El secretario de la Conferencia Episcopal Española (versión eclesial de un concejal de urbanismo de un pueblo grande, un cura con cargo, vamos). Este sacerdote ha solicitado en la COPE árnica para el PP. Que no se le ataque en demasía y menos por el tema del aborto. No se me ocurre mayor razón para atacar al Gobierno sin descanso, pero este sacerdote opina y pretende que se le siga la instrucción, en sentido contrario al mío. Deberé cambiar de opinión, quizá. Leo con estupor que este sacerdote tiene deseos mundanos y que es lo suficientemente imprudente como para verbalizarlos. Desea ser obispo auxiliar de Madrid. Un sacerdote que desea ser obispo es como una monja que quiere ser abadesa. Queda de inicio descalificado. Si se les llena la boca con la palabra Francisco, lo mínimo exigible es que no sean "carreristas" ¿no?

Segundo ejemplo. Madrid "goza" de nuevo arzobispo. Su predecesor, con su forma de gobernar, terminó dejando más descontentos que amigos. El nuevo, en un par de meses parece querer ganar al predecesor en recelos. Existe, en la capital de España, un grupo de sacerdotes que ejemplifican todo lo que no debiera sostener un pastor católico. Por ejemplo:

Pero el entusiasmo que suscitó esa primavera conciliar fue pronto apagado por el poder clerical, temeroso de perder el control sobre el pueblo cristiano. Y, contra el propio mensaje que proclamamos, el cuerpo social de la Iglesia no se encontró suficientemente preparado para plantarle cara a las tentaciones que tuvo que superar Jesús al comienzo de su vida pública y a las que iba cediendo progresivamente la cúpula eclesial. En esta deriva, ya a los pocos años de su clausura, las dudas de Pablo VI, que tan acertadamente había conducido la realización del concilio, fueron introduciendo en la Iglesia el anacrónico fenómeno de la involución. Y esta mirada hacia atrás fue desembocando paulatinamente en la gran restauración que se fue imponiendo durante los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI, cuyas referencias al concilio fueron predominantemente más para rescatar doctrinas y costumbres ya superadas —aunque, debido al consenso, presentes en los textos conciliares— que para impulsar la renovación que preconizaba la mayoría conciliar. De este modo,  la tentación del dinero y la ocultación de la pederastia, unidas a una pastoral del espectáculo desencarnada y a la exclusión de la diversidad crítica en el pensar y en la praxis,  han venido creando el clima de deterioro que ha llevado a demasiados cristianos y cristianas a la desagregación  de la Iglesia católica y han sumido a esta en la pérdida de credibilidad y de relevancia pública. Es una larga etapa del “invierno eclesial” como acertadamente la calificó, en su momento, el teólogo Karl Rahner.

Esto lo decían por escrito en Junio de 2014 al nuevo obispo que fuera a llegar. Y que en relación a una legislación sobre el aborto sostenía:

Que se debe seguir un proceso de diálogo y debate para llegar al mayor consenso democrático posible y articular la convivencia entre grupos cuyas orientaciones morales o convicciones científicas o filosóficas sobre el comienzo de la vida humana son de hecho diferentes.

Pues bien, cl nuevo arzobispo de Madrid, en una de sus primeras decisiones relevantes, se decidió acercar el otro día a la reunión trimestral de estos sacerdotes a darles abrazos y un beso y nos informan lo que les trasmitió:

"Nos dijo que tenía ganas de saludarnos y de decirnos que nos considera un grupo, como otros que existen en la diócesis, que están trabajando en la misma causa, que es la del Evangelio".

Lo dicho, TIEMPOS RECIOS.