Termina el año

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Se termina este año. No es este el año que no termina por la segunda venida de Cristo. Vendrá a juzgr a vivos y muertos, más adelante, quizá a no mucho tardar. Estad preparados por lo tanto. No voy a aburrir con resúmenes de los hechos de un año eclesialmente movidito. Quiero reflexionar sobre un versículo de Mateo, que tantas veces proclamamos de manera cambiada.

"y no nos metas en tentación. antes bien, líbranos del Malo"*

El Maligno, el Malo, el mal personificado. Ése es nuestro enemigo. Podemos ser todo lo cínicos que queramos y hacer como si no existiera. Culpar a la "condición humana" de las repoblables actitudes generalizadas, reprochar a la educación de nuestros males, la pérdida de valores como algo que los hombres de manera colectiva proponemos para expandir el mal. Da lo mismo. Jesucristo ya nos lo dejó claro. Debemos pedir que el Maligno no nos afecte, no nos haga desviarnos del camino mostrado por Cristo.

Los mercados, qué malos son. El Nuevo Orden Mundial confabulando para nuestra perdición. Y así repitiendo ese mantra hasta la náusea. ¿No véis acaso que es uno, Maligno, quien pretende nuestro mal y no ceja pasen los siglos o los milenios? Hace mucho que nos declaró la guerra. Y continúa empeñado en dar la batalla. Y resistimos, gracias a Dios. Un año más ha pasado sin que haya logrado imponerse. Pero si no multiplicamos nuestras oraciones y varíamos el "libranos del Mal" por un más acertado líbranos del Maligno, terminaremos siendo católicos desprotegidos por creernos sin enemigos. Un político no es nada sin áquel que se arrastraba. No escupáis a la marioneta, luchad contra el que maneja sus hilos.

Comenzad el año con una oración, mejor que con una salva de cohetes al aire.

 

 

*Versión de Cantera-Iglesias, BAC,2003