Niño muerto en la playa. Temas que se cruzan

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Como colofón vendible al espanto que se vive en las fronteras hemos visto las imágenes de un niño de tres años muerto en una playa. Se le escapó al padre de los brazos y murió en el mar. No sentir pena por este drama, una falta de empatía tan grande, sólo está al alcance de un psicópata, que no distingue el bien del mal. Los refugiados sirios, iraquíes, afganos y tantos otros que huyen de sus países en guerra deben despertar en nosotros pensamientos de caridad, de amor. Lo primero comprender su drama. Entender que de una guerra, si se puede, se huye.

El problema es que vemos las imágenes de la frontera húngara repleta de inmigrantes y nos preguntamos, ¿Hace Hungría frontera con algún país en conflicto? Y el mapa nos dice que no. De manera que esos refugiados ya han huido de la guerra, ya están a salvo de las balas, su urgencia primera ha sido solventada. Cierto alivio podemos sentir. Pero, observando otro mapa de la zona asiática, podemos preguntarnos ¿qué hacen tan lejos, en la frontera de Servia y Hungría? ¿Por qué no huyeron hacia Turquía, Jordania o Arabia? Pues por lo que nos cuentan, porque quieren ir a Alemania. Allí hay riquezas, un futuro.

Aquí comienza una nueva reflexión. Probablemente podemos hacer sitio a los refugiados que lleguen, espacio físico hay, pero ¿podemos sostener el Estado del Bienestar, tal como lo entendemos? ¿Podemos pagar la escolaridad de los niños que lleguen, puede el sistema público de salud soportar el incremento de pacientes, pueden aspirar a pensiones aquellos ancianos que también llegan...? Porque lo que no creo es que permitamos que esta gente muera de hambre o sin ser atendidos por nuestros hospitales en nuestras ciudades. Lo vemos ahora con el debate en España sobre dar atención sanitaria a los inmigrantes sin papeles. Los atendemos por caridad, porque nos lo dicta el corazón. No sería diferente con los sirios.

Pero, una vez aceptados dichos inmigrantes, ¿ellos se integrarían? Eslovaquia (creo que con buen criterio) ha solicitado unicamente refugiados cristianos. Afirman que no teniendo mezquitas en su país, los musulmanes no se encontrarían a gusto y no se integrarían bien. Comienza Europa a tener serios problemas con los musulmanes. Una oleada de ellos, ¿serían facilmente asimiliables? ¿No empezarían una vez establecidos y con todos sus derechos de ciudadanía adquiridos a exigirnos que nosotros nos amoldásemos a las costumbres y forma de ver la vida que trajeran en sus cabezas?

Un tema muy complejo, en el que hay que poner algo más de cabeza que de corazón.