CARNAVAL (Y CUARESMA)

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Todos los años, un martes del año, martes que nunca sabemos cuándo caerá, se celebra con grandes festejos el día del carnaval. Pero ¿por qué un martes y por qué nunca un martes en concreto, como por ejemplo “el primer martes de abril”? Pues porque es una “festividad” que depende de otra referencia; está subordinada a esa otra. Así, el martes de carnaval depende del miércoles de ceniza, y es este día quien “manda”. Y ¿qué tiene de importante el miércoles de ceniza, festividad religiosa, que ni siquiera es festivo, para determinar una festividad como el carnaval, fiesta de todo el mundo y no religiosa? 

El miércoles de ceniza es un importante punto en el calendario litúrgico católico. Es el inicio, la puerta de entrada a la Cuaresma.

Por consiguiente, la Cuaresma nos recuerda que la vida cristiana es un combate sin pausa, en el que se deben usar las "armas" de la oración, el ayuno y la penitencia. Combatir contra el mal, contra cualquier forma de egoísmo y de odio, y morir a sí mismos para vivir en Dios es el itinerario ascético que todos los discípulos de Jesús están llamados a recorrer con humildad y paciencia, con generosidad y perseverancia.1

Durante 40 días los cristianos vivirán un tiempo de especial recogimiento en el que ayunarán y se abstendrán de comer carne en días concretos. Donde los festejos deberán quedar en un segundo plano. Esto ahora lo vivimos con menos rigor, con demasiada liberalidad incluso comparado con tiempos no tan antiguos:

Nuestros antepasados ayunaban o se abstenían de carne hasta ciento cincuenta días al año: en Adviento y en Cuaresma, antes de Pentecostés y de toda fiesta mariana. Hoy resulta incluso raro toparse con alguien que observa el ayuno al menos el miércoles de Ceniza y el Viernes Santo...2

Así, siendo ese miércoles un inicio de un tiempo “fuerte” importante en el año litúrgico de todo cristiano, algo que se debe vivir con intensidad, 40 días sin ingesta de carne (antiguamente) se optaba por hacer una fiesta, una celebración que recordara lo que se iniciaba, haciendo aquello razonable y que en un día quedaría proscrito, el consumo de carne y festejar. Y así nació el carnaval. Siempre como antesala de lo que debía llegar, lo importante, la Cuaresma.

Y así, ¿puede haber Carnaval si no se vive la Cuaresma? ¿Tiene sentido la nochevieja si al día siguiente no comienza un nuevo año, con sus propósitos de una vida mejor? Quedarse con la parte profana, con la fiesta y el exceso olvidando al día siguiente que lo decisivo comienza es una manera muy pobre de vivir una tradición y es lamentable en personas de fe.

 

1 Benedicto XVI, homilía durante la celebración eucarística en la basílica de santa sabina el miércoles de ceniza, 1 de marzo de 2006

2 Giulio Viviani, ¿Por qué ayunar si no lo entiendo? Palabra 2014