el silencio del verano

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Escribir sobre la llegada del verano y las vacaciones se ha convertido un tópico o en un recurso socorrido ante la falta de inspiración. Y es que el verano llega con una mezcla de sentimientos: la necesidad de descanso, de estar con la familia, de llevar una vida un poco más saludable son los más repetidos entre la gente de mi edad. Los jóvenes se van a unos viajes que hace poco eran propios de millonarios o pasan unas semanas de “voluntariado”, algo que ya se ha convertido en un negocio para algunos.

Aunque todavía estoy trabajando, para este verano me he propuesto leer para disfrutar y como forma de aprender y mi objetivo es conocer al Cardenal Sarah. Nació en 1945, sacerdote desde 1969, creado Cardenal en 2010 por Benedicto es hoy Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y las disciplinas de los Sacramentos.

Ya solo por la responsabilidad que ostenta, y por la materia que le ha tocado gobernar, justifica el interés y cuando profundizas en su vida, aún más. Nacido en Guinea Conakri, del corazón de África, el continente al que todos han mirado con codicia, pero nunca con amor, conoce la verdad de lo que allí pasa, sin clichés ni estereotipos; África es la verdadera diversidad.

Pero todo esto pasa a ser anecdótico cuando se mira a su Eminencia Reverentísima Robert, como cristiano que, en sus palabras y actos, se muestra como un eslabón de esa cadena que es la Tradición. Cada declaración pública que se lee de él, es de una belleza, refleja una fe íntima, un amor a Dios, y una capacidad de explicar que me recuerda a Benedicto, nuestro añorado Papa.

He empezado a leer, La Fuerza del Silencio, un libro subtitulado: Frente a la dictadura del ruido y se inicia con unas páginas de un cartujo y de la experiencia compartida en la Cartuja de Lagrasse y en la gran Cartuja en los montes de Chartreuse donde a mediados del siglo XI, san Bruno configuró una Orden monacal en la que el silencio era la llave maestra para oír a Dios.

El libro no es sencillo y se toma en dosis para absorber tanto silencio; no hay página en la que no pares a reflexionar.

El silencio es la ausencia de ruido.

El ruido es el mundo.

Y hoy, el mundo está por todas partes.

Te arrodillas y el mundo llega en forma de distracciones. Rezas y el sueño te domina. La música se llena de cantos de sirena que te impiden alabar a Dios aunque sea el Oratorio de Navidad de Bach. Me siento dentro del libro.

Y llega el verano y nos proponemos subir a un monte para oír el silencio, estar tranquilos leyendo despacio la Lectura del día para reflexionar sobre lo que Dios en su silencio me quiere decir (hoy) pero el mundo acecha con propuestas seductoras. Te ves como un pequeño Adán ante la mirada hipnótica de la serpiente y la voz seductora de Eva. No sabemos buscar, encontrar ni mantener el silencio. Incluso muchas veces no sabemos que lo necesitamos.

Lo que se inició como la exploración de una persona, me ha llevado a buscar a Dios de una forma muy concreta, en un modo muy concreto, en una presencia no esperable.

El silencio es mi propuesta para este verano

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