Examen de conciencia en Cuaresma

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Una de las obligaciones propias de la Cuaresma es el examen de conciencia y acudir al sacramento de la penitencia. Es propio, pero no específico; sirve como recordatorio, como excusa por si la pereza o el descuido nos ganan la mano. Y el examen de conciencia busca el perdón de Dios, nuestra reconciliación con Él.

El examen de conciencia supone la existencia de dos elementos, examen y conciencia, parece sencillo pero cada uno de estos elementos tiene algunos elementos añadidos, como veremos.

Examen, palabra que ha quedado absorbida por el mundo académico; voy a examinarme, alguien me pregunta y yo respondo. Estudio muchos temas con la esperanza de que me “caiga” el tema que mejor me he estudiado. Nosotros en la confesión no nos sometemos a un examen por un tercero, Dios nos deja solos para que nos miremos dentro del alma y veamos qué hemos hecho mal. Esto es mucho más duro. Pero para que esto funcione, necesitamos conciencia. Démoslo por claro hasta dentro de un par de párrafos.

El examen no basta ya que es además, necesario, el dolor de corazón, el arrepentimiento. Sin arrepentimiento, no puede iniciarse el camino hacia el perdón. Habrá gente que, consciente de haber obrado mal (examen de conciencia), no sienta arrepentimiento porque el Mal les domina o bien, lo que es más frecuente, lo sienta pero, ante las repetidas caídas en un mismo pecado, sienta desolación y por tanto, no entre en la contrición. Pero de nuevo, para que haya arrepentimiento, es necesario que haya conciencia.

Y para que haya examen de conciencia y arrepentimiento, es necesario tener conciencia, pero creo que, excepto enfermos mentales o sociales, todo el mundo tiene conciencia, el problema es, ¿qué conciencia?

La enseñanza de la Iglesia es que debe ser una conciencia rectamente formada porque todos somos capaces de racionalizar y bendecir cualquier acción, tan brutal como sea, siempre que le demos suficientes vueltas a la cabeza y nos apoyemos en otros que sean tan canallas como nosotros, si no, que se lo digan a Stalin o a Mao.

Por tanto, la conciencia para que sea útil, debe tener un añadido y es que esté rectamente formada. Esta frase, un tanto genérica, expresa que, desde fuera, se nos forma, para llegar a conocer la Verdad. Así que es necesario: que venga desde fuera y que esté basada en la Verdad.

Cuando la referencia es interna, tanto la psicología como la picaresca nos enseña que somos capaces de adaptar cualquier realidad a nuestro confort. En el fondo me lo merezco, en el fondo se lo merece, otros han hecho lo mismo, no voy a ser el único que no lo haga

Y Verdad corresponde a la mayúscula de la palabra ya que las verdades de los hombres mutan todo el rato y no hay nada más fácil de legislar y derogar.

Cuando el Mal piensa en estrategias para vencer al Bien, utiliza todos los trucos posibles y por eso, hay que estar atentos. Hoy el Mal utiliza la estrategia de la promoción del discernimiento.

Es una palabra hermosa, discernir, filtrar (que es su etimología). Apela a la razón, lo que es muy de este tiempo. Y en una expresión inocente, busca para encontrar la verdad. Parece que está todo bien pero, en el fondo lo que ocurre es que cuando se implanta la primacía del discernimiento sobre el magisterio, caemos en la moral interna, no externa que conduce a la verdad, no a la Verdad.

Por eso, en Cuaresma no solo hay que hacer examen de conciencia, hay que empezar por formar rectamente la conciencia, estudiar y entender la Palabra y el Magisterio inmutable y desde allí, entonces si, ejercer el discernimiento.

Y ante la duda, pregunta a tu sacerdote Franciscano de María.