lenguaje inclusivo

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Una de las cosas que más rabia de los tiempos que corren es esta moda casposa y paleta del lenguaje inclusivo. Aparecen unos desgreñados en los medios de comunicación y tratan de enseñarnos a hablar (y a escribir). Los miras y tienes la certeza que leen, como mucho, el diario gratuito que les dan a la puerta del Metro. Tal vez alguno haya buscado en Wikipedia para ilustrar alguno de sus argumentos. Y eso sí, se embelesan al oír hablar a sus ídolos políticos.

Al menos, los progres de antes habían leído a los clásicos del marxismo: leído y asumido en una actitud acrítica, pero al menos sus ojos se habían acostumbrado a ver sucesiones de letras formando palabras y sucesiones de palabras firmando frases. Ya ésto hace que se pueda evitar algunas faltas de ortografía (hortografía dirían ellos) y de construcción gramatical.

Recuerdo entre espasmos y pesadillas el Borrador de Estatuto de Cataluña que el Parlamento catalán envió. Era el ejemplo perfecto de lenguaje inclusivo y de analfabetismo. Tenía tantos autores que era imposible encontrar lógica en la redacción y en el contenido pero lo mejor, lo más sorprendente era que todas palabras susceptibles de tener masculino y femenino, se incluían en el texto: diputados y diputadas, catalanes y catalanas, hombres y mujeres. Ya solo esto, hacía indigerible la lectura. Del contenido, ni hablemos.

Pero si oímos un discurso de cualquier político que quiera pasar por moderno, veremos que esto no es privativo de aquellos pseudolegisladores. Cuanto más a la izquierda y cuanto más tontuno sea, más pasa. Dejo que cada uno busque ejemplos.

Lo malo es que esta epidemia también ha llegado a la Iglesia. Es desesperante que al empezar la Misa nos digan: “Queridos hermanos y hermanas” o, “El Señor esté con vosotros y vosotras”. Será sacrílego, pero darle dos cachetes al oficiante es lo menos grave que se me pasa por la cabeza. No solo es incorrecto gramaticalmente, no solo es barroco e innecesario es que, además, es hacer el juego a los promotores del lenguaje inclusivo. Pase (por los pelos) lo de monjes y monjas, pero, por favor, ¿consagrados y consagradas? ¿pecadores y pecadoras?

Es posible que en otros idiomas sea necesario, mi nivel gramatical en ellos no es tan alto pero tengo dudas. Y lo malo es que veo que hasta las más altas autoridades de la Iglesia lo hacen; desesperante.

Ya sé que mi pecado es de ira, pero no consigo calificar las acciones de estos sacerdotes inclusivos. ¿no habrá ningún Dicasterio que pueda emitir una Nota sobre el tema? Me temo que no, y me temo que seguiré pecando de ira contra el oficiante.

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