Cuánto te echo de menos…

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Dejadme que os cuente un cuento. Tiene protagonista, trama y moraleja.

En un mundo feliz vivía un hombre feliz. El mundo era feliz porque habían conseguido aislar las cosas malas que ocurren. No es que no ocurrieran, tan solo era que pasaban lejos y además, solo se hablaba de ellas en los medios de comunicación así que siempre podía pensarse que era como una película. En ese mundo feliz, no se hablaba de muerte, dolor, miseria ni de abandono. La gente era cortés y siempre sonreía.

El protagonista era feliz dentro del mundo feliz porque había conseguido mucha de las metas: dinero, reconocimiento, una familia tan feliz como él. Vivían en una casa preciosa decorada hasta con un perro a juego con la tapicería de los sofás. Tenían más coches que personas, a juego con la ropa que se pusieran. Los niños se educaban en colegios de moda y en el último trimestre de cada año se iban a colegios de fuera para completar su formación en idiomas. Como tenían éxito no necesitaban a Dios, vivían en un mundo feliz y ellos eran felices dentro de ese mundo. ¿para qué?

Pero un día, otra carambola de la historia hizo que ese mundo feliz se viniera abajo, se dieron cuenta de que la burbuja que les protegía era solo eso, una pompa de jabón y vieron que alrededor había dolor, abandono, muerte y miseria. Pero ellos eran felices porque tenían una casa bonita con perro y paddle, coches híbridos y contaminantes, una posición que les permitía tantas cosas. Hasta que también eso se perdió y tuvieron que hacer una nueva vida.

Y empezaron a echar de menos lo que tenían.

Moraleja, no te apegues a lo material

Hoy, domingo 3 de Junio, celebramos el día del Corpus. Es imposible calcular la cantidad de Misas que se celebran en cada barrio o en cada ciudad. Hoy voy a esta porque cantan menos, o a la otra porque su horario no coincide con el partido del domingo; de todas formas, siempre queda la Misa de 7, 8 o 9 de la noche.

Pero esto, como en la historia del protagonista feliz, no es lo que le pasa a todo el mundo. Hay sitios en los que no se puede celebrar la Misa porque están en países en los que nuestra fe está perseguida, como los países árabes o China. En otros casos, no hay ni iglesia ni sacerdote o solo puede pasar por allí cada quince días. También hay casos personales, gente que por trabajo no puede ir hoy a Misa, o enfermos. Hay tantos casos…

Pues eso nos pasa a nosotros, nos parece que es normal la facilidad con la que podemos acceder al Cuerpo de Cristo. Vivimos en una burbuja que creemos impenetrable pero la verdad es que, como la pompa de jabón, ese idílico escenario desaparece y entonces nos daremos cuenta y gritaremos: cómo te echo de menos.

Moraleja, valora el Cuerpo de Cristo como si ésta fuera tu última Comunión.