la homosexualidad es una plaga

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El título de esta anotación es probablemente ilegal y esa es la primera prueba de que lo que digo es verdad. Que no haya libertad de pensamiento ni de expresión es prueba irrefutable de que la homosexualidad es una plaga. Que una persona no pueda estar en desacuerdo en la promoción y “bendición” de la homosexualidad y pueda ser castigado con cárcel o multases una prueba más de este titular.

 

 

Porque homosexuales los ha habido siempre: en mi clase del colegio, había uno (y en ese tiempo Franco vivía), mis padres tenían algún amigo que lo era, en televisión salían, en los Carnavales de Canarias salían drag queen y muchos “famosos” lo era. Con total libertad.

Pero, ¿qué tiene que ver eso con un blog católico?

Empezad por leer el artículo de Actualidad que P. Santiago ha publicado esta semana: “Tiempo de gran tribulación”. La verdad es que es espeluznante. Cuando tras la oleada anterior (bajo el pontificado de Benedicto XVI) , parecía que se había puesto una marca en el suelo, ahora, otra oleada, probablemente, mayor, sale a la luz demostrando no solo la cantidad de homosexualidad efectiva y activa entre los consagrados si no el grado de encubrimiento entre los pares y la Jerarquía.

 

El encubrimiento podría ser entendido en la etapa anterior, en la que no era de general conocimiento pero tras la crisis anterior (recordemos lo ocurrido en Irlanda) cualquier consagrado que tuviera conocimiento de hechos razonablemente creíbles, tenia que haberlos denunciado; y lo que se está sabiendo incluye masivos encubrimientos de casos no aislados si no generalizados de un nivel de conocimiento alto. Por tanto, dejando de lado lo que esté sujeto a secreto de confesión, todo debería haberse hecho público. Y mientras no se haya declarado todo, seguirán saliendo nuevos casos que asolarán a la Iglesia dañando a los fieles ya que la Jerarquía se pondrá en duda, algo clave para el catolicismo (no así para los Protestantes). Porque ya no puede alegarse que “echar tierra y dinero” encima de los casos es una buena estrategia. Este es el primer problema: el encubrimiento.

El otro problema es la homosexualidad per se. La homosexualidad, para un católico, es un problema en tres capas:

-         La falta de castidad

-         La falta de castidad homosexual

-         La falta de castidad homosexualidad con menores o indefensos

La falta de castidad es un pecado (problema) para cualquier católico. Todos debemos ser castos, casados, solteros y célibes. La única diferencia es que los consagrados tienen un voto de castidad y en muchos casos un voto de celibato. Que un consagrado no sea casto, es un pecado cualificado. Pero, ¿existe el pecado para muchos de nuestros consagrados? ¿cómo puede un consagrado en pecado de no castidad comulgar, lo que hace cada vez que celebra la Misa?

La falta de castidad homosexual es un problema agravado para un católico, por tanto, triplemente agravado para un consagrado. Un sacerdote homosexual en activo está sujeto a un juicio más agravado que el de un fiel de a pie. Pero ¿existe el pecado para muchos de nuestros consagrados? ¿es San Pablo una fuente de Palabra de Dios? Porque según San Pablo y así lo recoge el Catecismo y así ha sido enseñanza ininterrumpida de la Iglesia desde hace 2.000 años, la homosexualidad es un pecado especialmente nefando. En la vida pública, civil, que cada uno haga lo que quiera, pero si eres católico, tienen que someterte a otras normas. Pero ¿existe el pecado para muchos de nuestros consagrados? ¿cómo puede un consagrado en pecado de no castidad y además homosexual, comulgar, lo que hace cada vez que celebra la Misa?

Se hace mucho hincapié en el tema de los menores, lo cual es muy importante pero este pecado empieza, como ya hemos estructurado, con un pecado de castidad y además, homosexual. Por tanto, un pecado triplemente agravado. Cuando un menor o cuando un subordinado es agredido, seducido o inducido al pecado de falta de castidad, homosexual por un consagrado con voto de castidad, es un pecado con cuádruple agravamiento. Porque abusar de un menor es brutal, y hacerlo de un subordinado también pero no puede dejar de decirse que son actos de homosexualidad, que eso no quede difuminado por el resto de la basura. Pero, ¿existe el pecado para muchos de nuestros consagrados? ¿cómo puede un consagrado en pecado de no castidad y además homosexual y además con indefensos, comulgar, lo que hace cada vez que celebra la Misa?

La verdad es que escribir sobre esto afecta el estómago y la gran pregunta es: ¿para qué sirve describirlo si no se pone un remedio en marcha? ¿qué remedios caben?

A los hombres nos encanta escribir normas, reglamentos y establecer procedimientos y sistemas de control. Sin embargo, nunca en la historia ha habido tantas normas y sistemas de control y nunca ha habido tanto fraude y abogados pagados para “pisar la raya de la línea”. Por tanto, lo que hay que hacer es volver a recordar e inculcar principios.

Dejadme que enumere algunos:

-         Tenemos alma y hay cielo e infierno

-         Por tanto, hay Juicio de Dios

-         Por tanto, hay pecados

-         Y el pecador purgará o se perpetuará en el infiero en función de la gravedad de sus pecados y de su grado de arrepentimiento

-         Un consagrado, con voto de castidad, que comete actos contra la castidad, homosexual, contra menores o subordinados, tendrá un Juicio de Dios proporcionado a sus pecados y su falta de arrepentimiento.

Y para que todo esto pase, el Papa, los Cardenales, los Obispos, las Conferencias Episcopales y hasta el más humilde de los consagrados, deben declarar, aceptar y comunicar estos principios que son solo, la Ley de Dios que tienen la obligación de transmitir y conservar.

Mientras no lo hagan, seguirá habiendo más casos como los vistos.

Y más daño causarán a los fieles, tanto por las noticias que dañan la credibilidad de la Jerarquía como la falta de dirección en un tema en el que el “mundo” ha tomado una deriva muy peligrosa que puede afectar a la salvación de las almas de los fieles.

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