camisetas y alzacuellos

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El sentido de pertenencia forma parte de nuestra naturaleza y ha sido usado siempre como palanca para hacernos hacer cosas.

El nacionalismo no es más que eso, ya sea local, orgullo de ser de Utebo, comarcal, soy alcarreño y a mucha honra, regional, los catalanes somos más trabajadores y serios que los andaluces, nacional, los belgas no han aportado nada a la historia no como nosotros los holandeses que inventamos el comercio moderno e incluso supranacional, prueba de ello es la construcción (por ahora fallida) del sentimiento europeo.

¡Y qué decir de los deportes ¡

No me gusta el futbol, no lo sigo y sin embargo, puestos a algo, soy del Real Madrid y no entiendo a los cordobeses que son del Barcelona pero es indudable que la pertenencia es crucial y la base de muchos de los deportes

Pero también lo es en el mundo económico; es el territorio del márketing, de las marcas. Yo soy de iphone o yo prefiero Samsung. Zara mola más que Mango. Un Dacia no es para mi, prefiero un Opel. Nos convencen de que tal marca es para nosotros y decidimos que tal otra no lo es.

Podemos poner miles de ejemplos.

Y todo ello se manifiesta en signos externos: banderas, escudos e himnos. Bufandas y camisetas. Pegatinas en el coche o logotipos bien visibles en las zapatillas de moda. Estamos orgullosos de pertenecer a esas marcas

La cosa es muy diferente cuando se trata de nuestra fe.

Algunos llevamos una cadena con medallas, pero, claro, van debajo de la camiseta. Algunas mujeres que llevan blusas abiertas dejan ver una crucecita o una medalla pero ninguno llevamos una cruz en la carpeta de los apuntes de la Universidad ni una pegatina de la Virgen en el cristal trasero del coche. No estamos orgullosos de pertenecer al club más selecto del mundo, de que se sepa que somos seguidores del líder más importante de la historia, o que la Iglesia sea la organización más longeva que haya conocido la humanidad a pesar de las persecuciones y de las barbaridades que han hechos sus líderes (en la Tierra).

Y el caso es todavía más grave cuando se trata de los consagrados. Los sacerdotes FdM llevan alzacuellos y ropa que les identifica como tales, pero, la inmensa mayoría podrían venir “del tajo”, del gimnasio o de un concierto rock. Llevan polos de marca, zapatillas de moda, pero no llevan ni un crucifijo visible ni alzacuellos ni nada parecido. Y las monjas, con maravillosas excepciones, se han quitado la toca, el hábito.

Probablemente lo hacen sin maldad y por eso, nosotros los fieles se lo podríamos decir. Obviamente, la sotana puedo hoy parece un poco fuera de lugar pero si los sacerdotes recuperaran la “maiestas”, si se dieran ellos mismo la sacralidad de lo que hacen, si recuperaran el sentido de lo sagrado que es su misión, les parecería normal llevar alzacuellos y ropa talar.

Al fin y al cabo, el Real Madrid pasará, Apple también y solo Cristo permanecerá

El sentido de pertenencia forma parte de nuestra naturaleza y ha sido usado siempre como palanca para hacernos hacer cosas.

El nacionalismo no es más que eso, ya sea local, orgullo de ser de Utebo, comarcal, soy alcarreño y a mucha honra, regional, los catalanes somos más trabajadores y serios que los andaluces, nacional, los belgas no han aportado nada a la historia no como nosotros los holandeses que inventamos el comercio moderno e incluso supranacional, prueba de ello es la construcción (por ahora fallida) del sentimiento europeo.

¡Y qué decir de los deportes ¡

No me gusta el futbol, no lo sigo y sin embargo, puestos a algo, soy del Real Madrid y no entiendo a los cordobeses que son del Barcelona pero es indudable que la pertenencia es crucial y la base de muchos de los deportes

Pero también lo es en el mundo económico; es el territorio del márketing, de las marcas. Yo soy de iphone o yo prefiero Samsung. Zara mola más que Mango. Un Dacia no es para mi, prefiero un Opel. Nos convencen de que tal marca es para nosotros y decidimos que tal otra no lo es.

Podemos poner miles de ejemplos.

Y todo ello se manifiesta en signos externos: banderas, escudos e himnos. Bufandas y camisetas. Pegatinas en el coche o logotipos bien visibles en las zapatillas de moda. Estamos orgullosos de pertenecer a esas marcas

La cosa es muy diferente cuando se trata de nuestra fe.

Algunos llevamos una cadena con medallas, pero, claro, van debajo de la camiseta. Algunas mujeres que llevan blusas abiertas dejan ver una crucecita o una medalla pero ninguno llevamos una cruz en la carpeta de los apuntes de la Universidad ni una pegatina de la Virgen en el cristal trasero del coche. No estamos orgullosos de pertenecer al club más selecto del mundo, de que se sepa que somos seguidores del líder más importante de la historia, o que la Iglesia sea la organización más longeva que haya conocido la humanidad a pesar de las persecuciones y de las barbaridades que han hechos sus líderes (en la Tierra).

Y el caso es todavía más grave cuando se trata de los consagrados. Los sacerdotes FdM llevan alzacuellos y ropa que les identifica como tales, pero, la inmensa mayoría podrían venir “del tajo”, del gimnasio o de un concierto rock. Llevan polos de marca, zapatillas de moda, pero no llevan ni un crucifijo visible ni alzacuellos ni nada parecido. Y las monjas, con maravillosas excepciones, se han quitado la toca, el hábito.

Probablemente lo hacen sin maldad y por eso, nosotros los fieles se lo podríamos decir. Obviamente, la sotana puedo hoy parece un poco fuera de lugar pero si los sacerdotes recuperaran la “maiestas”, si se dieran ellos mismo la sacralidad de lo que hacen, si recuperaran el sentido de lo sagrado que es su misión, les parecería normal llevar alzacuellos y ropa talar.

Al fin y al cabo, el Real Madrid pasará, Apple también y solo Cristo permanecerá