A quien madruga, Dios le ayuda

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¿cuántos refranes somos capaces de recordar? Forman parte de nuestra cultura y son gotas de sabiduría condensada. Uno de mis favoritos es el del título. Será porque soy mañanero; me gusta madrugar y también acosarme pronto. Y como madrugo, aprovecho ese momento para ir a Misa antes de empezar el trabajo y aun así empiezo antes que la mayoría de los que trabajan en mi oficina.

 

Una de mis Misas favoritas es la de 8:00 de la mañana de los Jesuitas de Serrano de Madrid. 70 o 80 habituales y un sacerdote que es una joya. Y ser una joya a las 8:00 de la mañana no es fácil. Ni el celebrante ni los fieles están en su mejor momento.

Hay recogimiento, respeto, la Liturgia se cumple escrupulosamente y dura 25 minutos incluso con una breve homilía. Y aunque la homilía no sea lo central de la Misa, los cinco o seis minutos que dedica el sacerdote a ilustrar las Lecturas del día son una verdadera joya.

Hay muchos enfoques para una homilía, aquellas que buscan elevar el espíritu, aquellas que aplican la Lectura al día a día y otras que tratan de enseñar, poner en contexto, aclarar el mensaje o el porqué de esa Lectura para ese día del ciclo litúrgico. Y este sacerdote es de una lucidez y de una capacidad didáctica asombrosa; es una lástima que no deje registrado lo que dice para repasarlo como si hace P. Santiago.

No sé si soy un obseso pero necesito entender y absorber la Palabra. Lo primero que hago es leer el Evangelio del día con su comentario en un mail que recibo de Evangeli.net. Luego voy a Misa y oigo de nuevo el Evangelio con su homilía y luego, cuando a media mañana recibo el WhatsApp de P. Santiago, vuelvo a oír la Palabra y la homilía. Tres enfoques distintos, complementarios y enriquecedores.

La Palabra es infinita.

Pues bien, esta semana, leyendo la Carta de San Juan que se propone como primera Lectura, el sacerdote de las 8:00 nos ha definido algo tan básico como el amor, en una frase tan corta como rotunda:

El amor es comportamiento, no sentimiento.

Amar es hacer el bien al amado y el amor cristiano consiste en hacer como Dios, amar, incluso a quien no se lo merece hasta el punto de encarnarse para salvar a la humanidad pecadora.

Caramba, qué frase.