Hipócrita

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Uno de los insultos que se han consolidado en nuestro lenguaje es ser un hipócrita y se lo debemos a un duro discurso de Cristo recogido en Mateo, 23 13-29. El texto, copiado directamente, sin cortes, es de una dureza inusitada y refleja muchas actitudes hipócritas que no solo pueden ser atribuidas a los fariseos; es una advertencia general.

«¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que cierran a los hombres el Reino de los Cielos! Ni entran ustedes, ni dejan entrar a los que quisieran. ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que devoran los bienes de las viudas y fingen hacer largas oraciones! Por eso serán juzgados con más severidad.

¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que recorren mar y tierra para conseguir un prosélito, y cuando lo han conseguido lo hacen dos veces más digno de la Gehena que ustedes! ¡Ay de ustedes, guías, ciegos, que dicen: "Si se jura por el santuario, el juramento no vale; pero si se jura por el oro del santuario, ¡entonces sí que vale”!

¡Insensatos y ciegos! ¿Qué es más importante: el oro o el santuario que hace sagrado el oro? Ustedes dicen también: "Si se jura por el altar, el juramento no vale, pero vale si se jura por la ofrenda que está sobre el altar". ¡Ciegos! ¿Qué es más importante, la ofrenda o el altar que hace sagrada esa ofrenda? Ahora bien, jurar por el altar, es jurar por él y por todo lo que está sobre él. Jurar por el santuario, es jurar por él y por aquel que lo habita. Jurar por el cielo, es jurar por el trono de Dios y por aquel que está sentado en él.

¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que pagan el diezmo de la menta, del hinojo y del comino, y descuidan lo esencial de la Ley; la justicia, ¡la misericordia y la fidelidad! Hay que practicar esto, sin descuidar aquello. ¡Guías ciegos, que filtran el mosquito y se tragan el camello!

¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que limpian por fuera la copa y el plato, mientras que por dentro están llenos de codicia y desenfreno! ¡Fariseo ciego! Limpia primero la copa por dentro, y así también quedará limpia por fuera.

¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que parecen sepulcros blanqueados: hermosos por fuera, ¡pero por dentro llenos de huesos de muertos y de podredumbre! Así también son ustedes: por fuera parecen justos delante de los hombres, pero por dentro están llenos de hipocresía y de iniquidad. ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que construyen los sepulcros de los profetas y adornan las tumbas de los justos!

Pero ¿de dónde viene esta palabra? ¿cuál es su etimología?

Hipócrita es el que actúa con hipocresía. Y la hipocresía es el fingimiento de cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente se tienen o experimentan, según la RAE. Es una explicación clara.

Y su origen o etimología proviene del latín “hypocrisis” que as su vez la adquirió del griego “hipokrisis”. Su significado nos lleva a los vocablos “actuar o fingir”; en griego es una palabra compuesta por “hypo y crytes” que significa máscara y respuesta.

En Grecia los hipócritas eran actores teatrales que por lo general en el momento de comenzar su espectáculo utilizaban una máscara para adentrarse en el papel y volver el momento más fantasioso y así entretener al público. Tiempo después el término también fue empleado a las personas que vivían fingiendo ser alguien más.

En las luchas internas dentro de la Iglesia, este insulto, con semejantes antecedentes, es un arma letal, el primero que la usa, gana. Lo que ocurre es que, en este extraño juego, no queda claro quién es el hipócrita y quién es el sincero (palabra que podría ser el antónimo).

Así, a los que van a Misa todos los días, los llaman caras tristes, a los que no comulgan cuando no pueden, rigoristas, a los que creen que la Tradición está aquí porque no ha cambiado y que si hoy se cambia, ya no es Tradición, se les acusa de ultraconservadores y al final, todo ello remachado con un: fariseo o hipócrita.

Y es verdad ya que todos pecamos, aunque vayamos a Misa todos los días. Todos queremos hacer el bien aunque a veces hagamos el mal, como espléndidamente explicó San Pablo, pero, la diferencia entre pecador e hipócrita es sustancial y el mayor hipócrita suele estar al final del dedo que señala.

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