Encuentro con Él

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Tengo unos amigos muy queridos que desde hace varios meses me están dando lecciones de cristiandad. Me están enseñando cómo lo que nos han enseñado, pasa, que no se queda en la letra del Catecismo o en las Homilías.

Han tenido una vida turbulenta, con episodios de los que vemos a nuestro alrededor con miedo y de todos ellos, han salido y cuando les oyes hablar intuyes heridas, es más, hablan de ellas con naturalidad, como el que te enseña la cicatriz de una operación.

Nacieron en España, de familia cristiana, en un entorno cristiano pero, como tantos, se fueron por una trocha que les alejó de Dios, como tantos, buscando ese fogonazo de vida que hoy ofrece el mundo.

Pero hoy van a Misa todos los días, acuden a todos los actos, conferencias, viajes que pueden para complementar su fe y su formación. Se han casado “por la Iglesia, como Dios manda”.

Pero la Providencia tiene sus propios planes y a él le regaló una enfermedad autoinmune que le ha conducido a un cáncer. Ciclos de quimio, debilidad general, periodos de subida y bajada que no le dejan moverse y ella, a su lado, al pie de la cama o con su mano en la de él acompañándole en esa sala aséptica en al que te inyectan el “matabichosmalos” pero que desgraciadamente también te mata los buenos.

Y los que les conocemos nos preguntamos y les preguntamos ¿Cómo sois capaces de llevar con tanta dignidad toda esta carga? Y la respuesta es pasmosa: porque nos hemos encontrado con Cristo y Él nos da la fuerza.

Ellos, como muchos otros, son conversos desde dentro. Cristianos ambientales que se habían alejado y que, cada uno por su lado, había tenido su propio encuentro con Él.

Siempre había pensado en los conversos como provenientes de otras religiones o de la nada pero, cada vez más, me encuentro con gente que vuelve y siempre es por eso, porque se ha encontrado con Él. Y claro, los que nunca nos habíamos alejado mucho miramos con envidia sana esa fe fulgurante.

Otros hemos vivido en la fe, como mamada desde la infancia, que hemos ido desarrollando y formando, que tenemos la sensación de ser la fiel infantería descubrimos que tenemos mucho que aprender de ellos que cada día, camino de la quimio, repiten: Señor, en ti confío.

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