No tengo nada contra los homosexuales, de hecho varios amigos lo son..

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La homosexualidad se ha convertido en el condimento de todas las salsas; hables de lo hables, oigas lo que oigas, acaba apareciendo el tema y casi siempre, alguien usa la coletilla que sirve de título: yo no tengo nada contra los homosexuales, de hecho, varios amigos lo son, como si con ese argumento, ya quedara a salvo del rayo justiciero de la homofobia.

Yo, la verdad, ni tengo ni dejo de tener nada contra los homosexuales, el hecho de que su actividad sexual o sus apetitos se enfoquen a alguien de su mismo sexo, ni les hace peores ni mejores. Eso si, si alardean o exhiben impúdicamente sus apetitos, entonces, si, me siento agredido como me siento agredido si una pareja se da un “magreo” en una playa o en un sitio público. O si tratan de convencerme de que lo pruebe o veo que tratan de convencer a alguien en edad tierna. Entonces si tengo algo en contra.

Y que esta permanente presencia se de en el ámbito social, en un época en la que estamos hipersexualizados, en una época en la que cualquier famoso o famosillo alardea de su promiscuidad y rotación amatoria, en la que todos los “referentes” de la sociedad explican sus gustos y prácticas sexuales, pues vaya, parece normal que aparezca la homosexualidad. Aunque deberíamos preguntarnos por el pudor, esa virtud que impide que vayamos por la calle (y la playa) enseñando las partes pudendas o hablar de lo que hacemos con la mujer con la que nos hemos casado…

Pero lo que es verdaderamente llamativo es que este fenómeno haya traspasado las barreras mas altas y haya contaminado a la Iglesia. Todos los días aparece una noticia al respecto.

Un tal P. Martin, jesuita y defensor de la homosexualidad tiene una capacidad de resonancia de sus declaraciones desproporcionada para sus méritos morales o intelectuales. Da conferencias y trata de convencer de que la homosexualidad no solo no es mala si no que es buena y que como durante siglos se les ha perseguido, ahora tienen patente de corso.

El otro día, leo un artículo sobre el sacerdote responsable de la acción de la Iglesia en el caso de los abusos y en un alarde de lógica, dice:

-          El 80% de los casos de abusos se produce por un varón sobre un menor (o una persona dependiente de él) del mismo sexo.

-          Sin embargo, la homosexualidad no es un factor relevante a la hora de estudiar el problema de los abusos.

Imaginemos que ese 80% se aplicara a abusos heterosexuales, entonces si, se podría afirmar que no es relevante pero si aceptamos que entre el 5 y el 10% de los adultos son homosexuales y como quiera que también hay mujeres homosexuales, podemos asumir que una prevalencia de hasta el 5% en los casos de abusos estaría dentro de la norma pero, si es el 80%, ¿cómo podemos negarlo? Será homosexualidad enfocada a menores, como habrá otra que se enfoca a rudos leñadores o sudorosos camioneros, pero negar que éste es un factor clave es aceptar que cualquier propuesta que venga de este estudio no solucionará el problema. Pues nada, como dice el experto, la homosexualidad no es el problema ni se da en seminarios.

Pero claro, lo que se busca es blanquear el problema y bombardear a los creyentes para que lo normalicemos.

Si hacemos un repaso de los 10 Mandamientos, como esquema básico de pecados, ¿creemos que se dedica tiempo proporcional en función de la importancia y de las veces que estos pecados se repiten?

¿Podemos calcular el número de blasfemias que se oyen en TV y radio al día?

¿Cuántos padres y madres han sido abandonados en asilos, o maltratados, o eutanasiados?

¿Dónde ha quedado el honrarás a padre y madre?

A ritmo de 100.000 abortos al año en España, asumiendo que el 10% son “repetidoras”, en los últimos cinco años, hay 450.000 mujeres en España que viven el drama del aborto sin que el P. Martin gaste una gota de energía en ellas.

¿Y mentirosos? Solo con las mentiras públicas de la clase política ya tendríamos más casos que homosexuales.

Pero solo se habla de homosexuales

Algunos dirán que estamos recuperando el tiempo perdido y de persecución y de nuevo, niego la mayor. Tanto en el plano privado como en el público, homosexuales han desarrollado una vida normal, tan normal como la de cualquier otra persona fuera de la norma. Me acuerdo mucho de un amigo de mi padre (que nació en 1923, para poner todo en contexto) que llegó a coronel de Aviación; el Rosco. Pues eso, coronel de aviación en el ejército del canalla de Franco o el actor Luis Escobar, nacido en 1901 y muerto en 1991, Franco 100% y como él decía, marica, pero no maricón. O Bibiana Andersen, transexual que se lanzó al mundo del espectáculo en 1977. Es cierto que hubo otros casos de persecución como también la había a los adúlteros, a los divorciados y otros muchos

Pero, volviendo a la Iglesia, tanto rollo, tanta comprensión, pero olvidamos que por encima de la “modalidad” sexual está el requerimiento de castidad que se exige a los solteros, a los casados, a los consagrados y no se porqué no, a los homosexuales. Tal vez sea aplicando una interpretación literalista del 6º y del 9º ya que se dice: no codiciarás la mujer de tu prójimo y claro, si es homosexualidad masculina, no está cubierta. Eso si que es exegesis creativa y lo demás son tonterías…

El mundo está lleno de problemas y dramas y el de los homosexuales, salvo en el mundo musulmán, no lo es y prueba de que no tengo nada contra ellos, espero que a todos nos traten por igual, con independencia de nuestra inclinación.

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