Acaba de nacer un Niño

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Y como todos los años corren deprisa, tres días después de Nochebuena, ya ha pasado la Navidad, San Esteban y ya estamos en San Juan. Como todos los años.

Pero el Niño seguirá en el Portal, los pastores adorándole y la Virgen agotada por emocionada como buena madre, San José afanoso buscando comida y leña para la lumbre. Solo faltan los Magos de Oriente que estarán, posiblemente, preguntando a Herodes por el Niño; en unos días llegarán a adorarle.

Los que vivieron en primera persona la historia, excepto la Virgen, no sabían lo que venía. Nosotros si, y como los años pasan deprisa, en pocas semanas estaremos apuntando a la Semana Santa; el miércoles de Ceniza se nos vendrá encima sin pesarlo e iniciaremos la Cuaresma.

Nuestra perspectiva, conocer el ciclo anual, nos hace ver sin estrabismo, que el Niño nace y casi de corrido, muere. ¡vaya forma de celebrar¡, dirán algunos. Tanta celebración de que nace un Niño que va a morir en la cruz en cosa de meses. Esta es la desesperación del ateo, la incomprensión del que no tiene fe.

Otros dirán que ese no es el Niño si no, un niño que si, murió en un acto de generosidad, pero, al fin y al cabo, todos vamos a morir.

Y aquí radica lo especial de la visión de nosotros, católicos. Celebramos el nacimiento de alguien que va a morir porque sabemos que luego Resucitó. Por que si solo muriera, vanas serían las celebraciones de su nacimiento. Es una obviedad y ya lo dijo San Pablo (1 Corintios, 14,15) pero la Navidad sólo se entiende recordando que el Niño, resucitó.