tiempos dificiles

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Es imposible abstraerse de lo que está pasando por eso hay que hacer un esfuerzo para que “las otras cosas” no queden en el olvido. Es imposible quedar impasible ante la noticia de que un amigo cercano, un familiar o un compañero de trabajo hay caído enfermo o está en la UVI, por eso hay que hacer un esfuerzo. Es imposible ver los datos de enfermos o muertos como datos meramente estadísticos, pero hay que hacer un esfuerzo.

Por ejemplo, en estos días he leído el libro escrito por el Cardenal Sarah apoyado por BXVI y que tanto ruido hizo hace unas semanas. Una maravilla que da sosiego y luz sobre un tema del que muchos hablan de oído. BXVI es racionalmente claro y Sarah emocionalmente convincente. No es un libro extenso (y de letra grande) así que apto para cualquier lector.

También he leído a Scott Hann, muy querido por muchos FdM. En su libro “Un Padre fiel a sus promesas“ hace un repaso muy similar al del Curso de Formación del año 2018-19, la Historia de la Salvación en un tono muy accesible y un capítulo muy íntimo en el que un presbiteriano te explica cómo se convirtió al catolicismo al entender la profundidad del Sacrificio de Cristo.

Y ahora empiezo “Símbolo o Sustancia”, un libro utópico en el que Peter Kreeft imagina una conversación entre CS Lewis, JRR Tolkien y B Graham sobre la naturaleza de la Eucaristía.

Estas lecturas combinan la espiritualidad con la formación y también, el entretenimiento.

Otro efecto doloroso de la situación es la ausencia de Misa y en muchos casos de Eucaristía. Los sacerdotes en sus casas celebran las Misas y en unos casos las emiten en directo o en diferido pero la mayoría, la celebra a una hora anunciada y pide a los fieles que se adhieran espiritualmente. Ayer domingo fue mi primera experiencia sin Misa. No es el primer domingo sin Misa pero las otra veces era por pereza o por un viaje. Esta vez me he acordado de tantos cristianos que por vivir en zona de guerra o en países que prohíben la celebración (tantos), no pueden ir a Misa más que muy excepcionalmente. Mi dolor debe ser mínimo ya que es pasajero.

La falta de la Misa genera un desconcierto difícil de explicar; acostumbrados a iglesias a tiro de piedra y horarios adaptados a todas las necesidades, descubrir ahora que no puedes sentarte en el recogimiento de tu iglesia habitual, es muy duro pero hay que ofrecerlo por Dios, como tantos antes. Me recordaba un amigo en caso de los cristianos ocultos en Japón tras la expulsión de los jesuitas. Y tantos otros.

Así que, menos quejarnos y más dar la cara, ayudar, consolar, montar un Rosario y apoyar a los sacerdotes en un momento tan complejo como este.