Ya no son números

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En la situación en la que vivimos, desarrollamos una serie de nuevos hábitos que ayudan a pasar el tiempo. Igual que antes la rutina era feroz, apresurada en la que el desayuno en casa duraba escasos minutos. Ahora, todo fluye más despacio.

Uno de los gestos con los que arrancamos el día es buscar la evolución de la epidemia. Hacemos un análisis macro y micro. Cómo ha evolucionado en el mundo, en nuestro país, cómo se comparan los datos en España con los de Italia. Otros se alegran de que Estados Unidos, el culpable de todos los males del mundo, y Trump por encima de todo, ya sea el país con más contagiados. Es curioso, pero China, que sale muy bien en las estadísticas, sea el país más odiado; ¿será que nadie se cree los datos publicados?

Los más sofisticados hacen hojas Excel con tablas dinámicas que van calculando regresiones y proyecciones que luego verifican con los datos del día siguiente para ir ajustando su modelo y así proclamar el suyo como el “predictor” mas fiable en los foros, mensajes de Wupp y multiconversaciones en Zoom. Por cierto, Wupp, que se dedica a censurar lo que decimos, merece nuestra reprobación y para eso, lo mejor es darles donde les duele, que baje el tráfico, el número de usuarios y que suba el de cualquier otro tipo de mensajería instantánea.

Todo números fríos y anónimos.

Pero hoy, el número es letras, es nombre. Hoy, uno de los 510 muertos de ayer, tiene nombre, mujer e hijos, a los que deja con 60 años, es decir, con miles de experiencias sin vivir juntos. Hijos que no recibirán las caricias, los consejos y los castigos de su padre. Esposa que no tendrá el apoyo, el consejo y el calor que solo un marido puede dar. Ya no habrá noches en las que compartir tus angustias más que con la almohada. Una hipoteca y unos gastos que ahora ella, tendrá que cargar en solitario.

De repente, ya no son todo números fríos y anónimos. Porque nunca lo fueron, por mucho que la comunicación oficial lo oculte. Siempre han sido historias personales que se cierran ¿a destiempo?

Y nosotros, cristianos, ¿qué debemos hacer?

Os propongo un “truco”: mirad al calendario litúrgico, al santoral y ligad la festividad del día en el que leáis esto o penséis sobre el tema, con las personas que mueren y veréis que Dios es consuelo.

Hoy, domingo de Resurrección, acercaros a los que se han quedado solos y desvalidos y comunicadles la Buena Noticia y hoy, cuando vuelva Cristo del monumento al sagrario, rezad por los que se han ido camino de una de esas estancias que nos han preparado en el Cielo junto al Padre.

Porque Cristo ha resucitado.