Libertad bien entendida

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Hoy, día en el que celebramos la Inmaculada Concepción de María, los FdM habitualmente aprovechábamos esta celebración para manifestar nuestras promesas o renovarlas. En Madrid, en la iglesia de Machupichu,hacíamos una ceremonia íntima y entrañable.

El día no fue elegido al azar.

 

Desde luego, María es modelo de imitación, ejemplo de entrega y humildad. Ejemplo de vida discreta pero que cambió el mundo. Y para los FdM lo es con más razón, la hemos adoptado como nuestra Patrona, es parte consustancial de nuestro carisma. Y por su Inmaculada Concepción, algo que los teólogos de la calle intuyeron pronto y pelearon con tesón hasta conseguir que los teólogos de cátedra lo admitieran, rezamos y nosa arrodillamos.

Los españoles llevamos muchos siglos de, Ave María purísima; sin pecado concebida.

Pero en la elección del día hubo sin duda otro aspecto que hace que sea el día óptimo para renovar o hacer las promesas. La Lectura de ese día, la Anunciación según san Lucas, narra el perfecto ejemplo de promesa. Una joven en ejercicio de su libertad, tras preguntar para entender, hace el gesto supremo de libertad que es, renunciar a ella por Dios. Podría haber rechazado la propuesta y haber sido libre de la forma en la que los hombres sin fe consideran que es la libertad pero decidió lo contrario.

A nosotros, FdM, en nuestra imitación a María, nos ofrecen ejercer nuestra libertad para renunciar a ella, en nuestra escala, como personas casadas o que se van a casar, como consagrados o como seminaristas y ante la pregunta del celebrante, decimos ante el Pueblo de Dios reunido en la iglesia, que si, que queremos comprometernos, algo que solo las personas libres pueden hacer

Ave María Purísima, sin pecado concebida.