Dos historias diferentes pero un solo final posible

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En esta semana, el ciclo litúrgico nos propone dos escenas que me han hecho pensar.

Por un lado, (Mt 21, 28-32), Jesús enseña con un ejemplo, un padre que hace el mismo encargo a dos hijos, uno dice que si y hace,…que no. Y el otro dice que no y,…hace que si. Esto, los que sois padres, los viviréis con frecuencia. Seguro que los que oyeron a Jesús habían vivido el ejemplo en sus propias carnes.

Todos concluimos que el bueno es que al final cumple el encargo aunque en realidad los dos hicieron mal por no decir que si y llevar esta aceptación hasta el final.

 

Por otro, (Mt 1, 18-32), un ángel se le aparece a San José y le dice que no, que no repudie a María”… porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo…/…Cuando José se despertó hizo le había mandado el ángel del Señor y acogió a su mujer.”

Aquí vemos en qué consiste la santidad, despertar y hacer lo que le había mandado el ángel en nombre del Señor.

Meditando sobre estos textos, pensé, combinando ambas escrituras, que José podía haber dicho que si, que obedecía, pero luego, repudiar a María o bien, haber dicho que si, y luego pasar la vida refunfuñando. ¿os lo imagináis construyendo una mesa pero musitando maldiciendo su suerte? ¿os lo imagináis volviendo del bar dando gritos contra la Virgen por el lío en el que le había metido?

Por eso, aquí vemos en qué consiste la santidad. Hacer la voluntad de Dios con alegría

Es providencial que el Papa Francisco haya pedido a los católicos que estudiemos y reflexionemos sobre San José. Es una persona cuya aportación y actitud deberían ser mejor conocidas e imitadas porque, al final, hay muchas historias pero José escribió el buen final.