Soy un privilegiado y, no creo ser el único

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Nuevo año litúrgico, nuevo año civil y en Madrid ha caído una nevada nunca vista. Es verdad que, en muchos países, algo así es frecuente, no digo normal, pero aquí no estamos preparados. Tres días después, muchas calles siguen intransitables para los vehículos y a duras penas para los peatones. La organización de la ciudad, de la Región, no están preparados

Nuevo año litúrgico, nuevo año civil y en Madrid ha caído una nevada nunca vista. Es verdad que, en muchos países, algo así es frecuente, no digo normal, pero aquí no estamos preparados. Tres días después, muchas calles siguen intransitables para los vehículos y a duras penas para los peatones. La organización de la ciudad, de la Región, no están preparados y no es criticable. Todos tenemos que sacar nuestras palas y ayudar, no solo esperar a que venga papa Estado a hacer la tarea.

Las nevadas generan una sensación de paz y alegría que luego se torna en infierno. Me recuerda a nuestra alma tras una confesión. Sales de casa, miras por la ventana y ¡todo es tan hermoso y limpio! Pero varios días después, el blanco es sucio, las formas homogéneas se han roto por las pisadas, los trabajos, ramas caídas y lo que era ilusión es ahora fastidio. Como nuestra alma al volver a pecar.

Ayer, domingo, discutíamos en casa a qué Misa ir; que si a las 19:30, 20:00 o 20:30. ¿os dais cuenta? Tras una nevada histórica, teníamos la opción de ir a Misa a pie, sin coger el coche y elegir una de tres en un radio de siete minutos a pie.

Esta mañana, lunes, me planteaba a qué Misa ir, 7:30, dos de 8:00, 9:00 o 9:30. A pie en un radio de quince minutos andando (con nieve, si no, el tiempo se reduce a la mitad). ¿os dais cuenta del privilegio?

Y como digo, no soy el único, las decenas de miles de personas que viven en mi barrio pueden hacer lo mismo y, sin embargo, hoy éramos cuatro y el cura y no es una forma de hablar. Excluyo a la gente mayor por el riesgo de caída pero, ¿dónde está el resto de privilegiados como yo?

Cuándo salí de casa creí estar haciendo una acción heroica pero al llegar a la iglesia, siete minutos después y tres resbalones después, me dije: baja la nariz, en muchos sitios las Misas están prohibidas, o limitadas o están en más de una hora de vehículo o a pie y tu puedes elegir entre cinco diferentes, y la iglesia está caliente.

Si nosotros, los católicos privilegiados, gordos y burgueses no reaccionamos, ¿qué será de nuestra sociedad? Solo en este contexto se entiende la llamada a ser sal o levadura. Sal para conservar, levadura para hacer crecer.

Que el blanco de la nevada no nos confunda, ser sal o levadura es muy urgente.