Victoria Rasoamanarivo, beata

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Cuando Victoria nació en 1848, en Madagascar arreciaba una violenta persecución contra los cristianos. Era hija de un oficial del palacio real. Su madre estaba emparentada con la realeza local. Desde pequeña, la niña participó en el culto que se rendía a los iídolos en el palacio. Cuando la reina Ranavalona murió en 1861 le sucedió su hijo y las cosas cambiaron. Radam II abrió el país a los misioneros. Llegaron con ellos las religiosa de san josé de Cluny, que abrieronuna escuela. Rasoamanarivo fue una de las primeras alumnas. La joven, leyendo al Bilbia se enamoró de Cristo y abandonó el culto a los ídolos.

 

"Una vez entré en la iglesia comiendo una fruta.Mis ojos se fijaron en el sagrario y me di cuenta de que en ese momento alguien me estaba mirando. Me avergncé y tiré la fruta. Me arrodillé y recé. Desde entonces comenzó en mi el amor y respeto a Jesús en el sagrario". Contaría años más tarde.

A los 15 años y tras comunicarle su decisión a su madre, fue bautizada con el nombre de Victoria. Un año más tarderecibió la primera comunión. Se ofreció a la Virgen.Su inclinación por la vida religiosa hubo de abandonarse. Sus padres la habían prometido en matrimonio siendo niña. Debería casarse. Se casó con el primogénito del primer ministro del rey. Un joven bueno y honrado, pero adicto al alcohol. Viviendo en Palacio y siendo nuera del primer ministro nada le podría faltar para ser feliz. Pero por el contrario una difícil vida se le presentaba. Su marido cada vez bebía más. La vida disoluta de su marido era tal, que todos los amigos y familaires, suegros incluidos le recomendaron la separación. Ella se negó en rotundo. Su fe, recia, siempre la sostuvo. Tanto su marido como los suegros y sus padres la intimaron a convertirse al anglicanismo o al protestantismo, pero ella se mantuvo firme.

Rezaba a diario por su marido y por su conversión. Solicitó rezos por la misma causa a sus amigas. Y el feliz día llegó. El marido decidió bautizarse tras una grave caída. Su mujer por la urgencia lo bautizó y llamó José. Al poco rato moriría. Viuda a las 40 años dedicó su tiempo y ss fuerzas a las obras de caridad y al apostolado. Los leprosos encontraron en ella a su única amiga y protectora fiel.

Cuando los misioneros fueron nuevamente expulsados, quedó ella al cargo de la comunidad católica. Por sus lazos familaires era consciente del bien que podía hacer. Cuando años más tarde pudieron volver, vieron que no sólo habñia cuidado la comunidad, si no que además esta había creido, florecido. Murió el 21 de Agosto de 1894.