EL BEATO CLEMENS AUGUST GRAF VON GALEN

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El beato von Galen es el perfecto ejemplo de lo que se debe esperar en un obispo cuando soplan vientos recios para la iglesia. Sin duda, una de las más difíciles épocas que ha vivido el catolicismo en Alemania fue durante el nazismo. Las dificultades fueron dobles, porque además de los problemas que como institución sufrió la Iglesia local y los católicos en general, hay que añadir el inmenso drama que supuso la privación de derechos inalienables sufrida por numerosísimos ciudadanos a manos del régimen del III Reich.

 

Cuando la situación parece desesperada y el Estado dispone de prácticamente todos los resortes del poder ¿cómo puede actuar un obispo? Existen, básicamente, dos opciones. Contemporizar y tratar de conseguir el menor daño plegándose en la medida de lo posible al régimen y buscando apaciguar a la Bestia, o enfrentándose a ella de cara y jugándoselo todo, incluso la integridad física. Durante el nazismo se dieron ambas situaciones. El cardenal Innitzer de Viena, sería el perfecto ejemplo del primer caso. Deseando lo mejor para los católicos se dejó engañar por el régimen nazi (cuya ideología tampoco parecía molestarle en exceso) y apoyó el Anschluss, la anexión alemana de Austria, con declaraciones políticas en tal sentido y con un famoso grito tras la votación, un sonoro Heil Hitler! Meses después cuando el régimen abolió el concordato, disolvió las juventudes católicas y prohibió la educación católica, se le abrieron los ojos y comenzó a atacar al nazismo. Su cambio de idea le pudo costar caro cuando las juventudes hitlerianas tomaron al asalto la sede episcopal, pero no por ello dejó de denunciar el trato dado a judíos y gitanos en Austria (y Viena en particular). Eso sí, sus denuncias apenas tuvieron éxito alguno.

 

El cardenal von Galen, obispo de Münster, sería el perfecto ejemplo del segundo caso. Desde el inicio del régimen se posicionó frente a sus desmanes. Así ya muy pronto y basándose en el concordato de 1933 (aún vigente) invitó a los padres católicos a solicitar para sus hijos una educación católica. Fue uno de los primeros usos del concordato y resultó una política exitosa. Se salvó la educación católica. Más tarde utilizó von Galen varios sermones suyos para atacar directamente y sin miedo las prácticas nazis. Así en su primer famoso sermón de 1941 atacó el sistema de la Gestapo, que no sólo hacía desaparecer sin juicio alguno a la gente, sino que instauraba el miedo en todos los ciudadanos, inocentes o culpables. Ese mismo año, en otro memorable sermón, denunció la continua profanación de iglesias católicas, el cierre de conventos y monasterios y la deportación y eutanasia aplicada a enfermos mentales. Resultaba a todas luces contrario a la Ley de Dios y a la legislación alemana vigente. Su denuncia se presentó ante el fiscal general con éxito parcial, debido a que se continuó, tras una pausa de meses, con esa política, pero con más dificultades y en secreto. Sus sermones fueron difundidos por todos los medios posibles llegando a los frentes incluso. Muchos miembros del régimen pretendieron terminar con su vida, pero varios gerifaltes (Goebbles entre ellos) debido a su popularidad prefirieron esperar a ganar la guerra para terminar con él.

 

Afortunadamente la guerra la perdió Alemania, pero el valor del obispo no terminó con ella. Durante la guerra ya denunció los bombardeos de poblaciones civiles por parte de los aliados. La devastación que supusieron los bombardeos (paradigmático el de Dresde) recibió su contundente condena. Pero además, es que terminada la guerra, se enfrentó directamente con los británicos que controlaban su diócesis por sus continuos desmanes y con los rusos y polacos por sus sistemáticas violaciones de mujeres y niñas. Hizo todo lo posible así mismo por los prisioneros alemanes, a los que afirmaba que no se podía culpar por los crímenes de sus oficiales y jefes, para los que sí pedía penas apropiadas. Murió pocos días después de ser nombrado cardenal y fue proclamado beato en el año 2005 por su compatriota Benedicto XVI.

 

Cuando ahora vemos que se reproducen los mismos ataques, a las escuelas católicas, resurge la eutanasia, se dificulta la celebración de la misa y no se respetan las propiedades eclesiales, no está de más recordar el valor y entereza con la que un obispo supo plantar cara a uno de los más bárbaros y poderosos regímenes que se hayan conocido. Con razón recibió el apodo de “el león de Münster”.