SAN HOMOBONO

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Podría presentar yo mismo a San Homobono. Puedo dar ciertos datos sobre él de mucho interés. Comerciante de telas de Cremona (Italia), primer y único fiel laico que, sin pertenecer a la nobleza o a familias reales o principescas, fue canonizado en la Edad Media, conocido como el “padre de los pobres”, murió en el templo durante la celebración de una misa… Pero mejor escuchemos lo que de él tiene que decir otro hombre santo, Juan Pablo II. Lo que ahora leerán lo decía en el 800 aniversario de la defunción del santo.

 

En efecto, aunque esté tan lejano en el tiempo, Homobono se nos presenta como un santo para la Iglesia y la sociedad de nuestro tiempo. No sólo porque la santidad es una sola, sino también por las características de la vida y de las obras con que este fiel laico vivió la perfección evangélica. Responden de modo singular a las exigencias actuales y confieren a la celebración jubilar un profundo sentido de «contemporaneidad».

 

Los testimonios unánimes de la época definen a Homobono «pater pauperum », padre de los pobres. Esta definición, que se ha mantenido en la historia de Cremona, resume en cierto modo las dimensiones de la elevada espiritualidad y de la extraordinaria aventura del comerciante. Desde el momento de su conversión a la radicalidad del Evangelio, Homobono llega a ser artífice y apóstol de caridad. Transforma su casa en casa de acogida. Se dedica a la sepultura de los muertos abandonados. Abre su corazón y su bolsa a todos los necesitados. Se dedica con todo su empeño a dirimir las controversias que, en la ciudad, dividen a grupos y familias. Lleva a cabo con generosidad las obras de misericordia, espirituales y corporales y, a la vez, con el mismo fervor con que participa diariamente en la Eucaristía y se dedica a la oración, protege la integridad de la fe católica frente a infiltraciones heréticas.

 

Recorriendo el camino de las bienaventuranzas evangélicas, durante la época del municipio, en la que el dinero y el mercado tienden a constituir el centro de la vida ciudadana, Homobono conjuga justicia y caridad y hace de la limosna el signo de comunión, con la espontaneidad con que, gracias a la asidua contemplación del Crucificado, aprende a testimoniar el valor de la vida como don.

 

Fiel a estas opciones evangélicas, afronta y supera los obstáculos que se le presentan en su ambiente familiar, ya que su esposa no comparte sus opciones; en el parroquial, que ve con cierta sospecha su austeridad; e incluso en el ámbito del trabajo, por la competencia y la mala fe de algunos, que tratan de engañar al honrado comerciante.